El cierre de tres nuevos locales del Casco Vello alto siembra inquietud en el recuperado barrio

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

xoán carlos gil

Una tienda ecológica y dos galerías cesan su actividad por el bajo volumen de ventas y escasas expectativas de mejora

13 may 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Los bajos precios de los alquileres de los locales comerciales del renovado Casco Vello alto tras la rehabilitación de buena parte del barrio nunca fue una bicoca. Era más bien una apuesta arriesgada que decidieron ejecutar emprendedores que creyeron en la viabilidad del proyecto. A finales del año pasado había más de una veintena. Los más antiguos (de los recién llegados) tenían como mucho cinco años y aunque arrastraban quejas, iban tirando. Pero la situación parece haberse desmandado a la vez para varios comercios. En el último mes han cerrado dos (A Tenda do Avó y la galería Conde Sueiro) y otro más (la galería café de Javier Teniente) anuncia su inminente cese de actividad.

Montserrat Freire, responsable de A Tenda se despidió el 30 de abril y dejó en su muro de Facebook una explicación: «Muy a mi pesar, por falta de viabilidad», indicaba la comerciante de productos ecológicos. Llevaba tres años aguantando. En el 2014 expresaba públicamente sus quejas debido al escaso tránsito de gente, la prostitución -residual, pero existente- y la ausencia de planes de dinamización. Abrió su tienda en agosto del 2012, con una semana de diferencia de la galería del fotógrafo Javier Teniente. Fueron los pioneros que se plantaron en la calle Abeleira Menéndez cuando solo había bares de alterne, prostitutas sentadas a la puerta de casas viejas y edificios en obras. El organismo responsable, el Consorcio del Casco Vello (CCVV) animaba a los nuevos emprendedores a formar parte activa de la recuperación integral del barrio histórico. Las condiciones ventajosas tenían un plazo que se agotaba. En su caso, pagaba 300 euros y le doblaban el alquiler . Pero aún aguantó tres años más.

El fotógrafo Javier Teniente también se marcha. Aún no ha cerrado, pero está en proceso de liquidación para hacer borrón y cuenta nueva con otros proyectos. Además, su visión del fracaso es diferente. No culpa al Consorcio. «No me quejo. La culpa es mía. Tenía unas expectativas que no se cumplieron. No sé si desde el consorcio tendrían que haber hecho algo más, ni siquiera estoy seguro de que sea su obligación. Al fin y al cabo somos negocios privados», cavila. De todas formas, advierte que la calle «está peor que cuando llegué y hay más prostitución que entonces. Cuando hicimos la exposición Vigo Sonríe hubo un gran ambiente pero después la situación fue empeorando hasta hacerse insoportable. Este invierno ha sido el más triste de los últimos 5 años», asegura.