Tres parados invierten 60.000 euros para abrir el primer FabLab de Vigo

El laboratorio de fabricación digital contará con doce impresoras 3D y cortadoras láser


vigo / la voz

Las fábricas vuelven al centro de la ciudad pero reconvertidas en FabLab, una mezcla de factoría low cost y laboratorio equipado con máquinas 3D y cortadoras láser pero con una filosofía social y de aprendizaje. Tres desempleados vigueses han reunido 60.000 euros para abrir el primer FabLab de Vigo y de Galicia en las oficinas de Forma Coworking, que cuenta con 700 metros cuadrados en el número 94 de Gran Vía. La idea es inaugurar el taller-laboratorio en mayo o junio tras registrarse como cooperativa sin ánimo de lucro. El dinero procede de sus ahorros y ayudas al desempleo y cooperativas.

El proyecto del FabLab de Vigo se ha unido a una red de 41 minifactorías autorizadas en España para llevar esa marca y un millar en el mundo. Todas están interconectados para compartir sus innovaciones. La condición es trabajar en proyectos sociales y educativos. Los fabbers (fabricantes digitales) comparten la cultura maker («hazlo tú mismo»).

El fundador de la cooperativa es Marco Durán, un emigrante retornado que se formó en los FabLabs de Londres y Belfast y en la Makerversity de la capital británica. Esta última será el modelo en Vigo: «En Londres aprendí, vi que aquí no había nada y me vine. Usaremos máquinas colaborativas y habrá coexistencia con free-lances», dice Durán. Solicitó la marca de FabLab hace dos años y en noviembre MakerSpace de Madrid confirmó a Vigo como miembro oficial.

En enero hubo un intento de montar un FabLab en Vigo promovido por Impact Hub, una plataforma de makers con sede en Policarpo Sanz. El plan era crear entre todos una asociación pero fue inviable. Javier Cebreiros, de Impact Hub, explica que necesitaban una oficina más amplia y faltó interés institucional en Vigo para invertir en el proyecto.

Durán apostó por formar la cooperativa y fichó a dos socios, Iván Martínez y el aparejador Anselmo Crespo. «Era el formato más cercano al FabLab», dice. Se especializarán en dar cursos y formar a alumnos en robótica o impresión 3D. Los 60.000 euros cubrirán gastos este año, por lo que contactarán con inversores externos que necesiten desarrollar prototipos a bajo coste.

El plan es comprar hasta doce máquinas de impresión en 3D en diferentes tamaños y formatos, filamento y resinas, una cortadora láser, un plóter de corte de vinilo, una fresadora CNC, el equipo informático y los kits arduinos (placas para trabajar con robots). El taller ocupará 40 metros cuadrados ampliables. «Somos el primer FabLab de Galicia en formato grande. Queremos constituir dentro de dos años un nodo gallego de FabLab con centros en A Coruña, Santiago, Lugo, Ourense y Pontevedra», dice.

El plan es que los alumnos aprendan a manejar las herramientas. El perfil del usuario es un niño que se forma en robótica, jubilados aficionados al maquetismo o modistas que prueban diseños textiles. «Tenemos la misma tecnología que una gran empresa pero a muy bajo coste y al alcance del ciudadano. La Universidad, el clúster y el naval tienen medios pero están fuera de la ciudad o son privativos, nuestro FabLab está a pie de calle, accesible en pleno centro. Se parece a una biblioteca donde en vez de libros hay tecnología y la gente viene a hacer cosas», dice el cofundador Iván Martínez Hombre, secretario de la asociación PonteMaker. Pronto, cualquier vigués podrá imprimir su carcasa del móvil, una pulsera o una silla.

Máquinas para construir casi todo a una escala local

El Fabrication Laboratory (FabLab) es un espacio de producción de objetos a escala personal o local que agrupa máquinas controladas por ordenadores. Lo promovió el Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts para «construirlo casi todo» a escala local.

En Galicia solo hay un minitaller en As Pontes, pero cinco en el norte de Portugal

Un FabLab oficial debe cumplir los requisitos de poner la tecnología abierta al público, que puede pagar por el uso de las máquinas, promocionar la creatividad y compartir sus innovaciones. Entronca con el llamado prosumidor (productor y consumidor). Quienes logran autorización para registrarse y abrir un minitaller acceden a los proyectos de una red de un millar de laboratorios en el mundo. En Galicia, solo hay dos registrados: Amigus Lab en As Pontes de García Rodríguez, una pequeña tienda, y el de Vigo, de gran formato.

En el norte de Portugal, se concentran otros cinco centros, la mayoría en el área de Oporto. Las más cercanas a Vigo son una incubadora de iniciativas en Arcos de Valdevez y otra en Viana do Castelo que cuentan con las máquinas típicas de estos talleres.

En toda España están autorizados un total de 41 FabLabs, siendo Barcelona, con cuatro centros, la más destacada, pues su experiencia se remonta a hace diez años. También ha ganado fama el Medialab Prado de Madrid, un centro social que ocupa una vieja fábrica reacondicionada como taller abierto al público para crear prototipos y lanzar proyectos.

El Fab Lab de Asturias se centra en el arte y la creación industrial y el de Bilbao ocupa las viejas instalaciones de una fábrica de galletas. La Smart Open Lab de Cáceres está integrada por profesores y estudiantes especializados en electrónica, telecomunicaciones y proyectos de computación. El CNH2 de Puertollano fabrica células de hidrógeno y fuel. Las universidades de Sevilla, Terrassa, Esade o CEU.

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