Oporto se estrenará como puerto de salida de cruceros en el 2018

Leixões, que pulverizará este año sus récords con 107 escalas y 105.000 pasajeros, deja un nuevo recado a Vigo: la apuesta de la naviera MSC es «la primera de muchas»


vigo / la voz

Era solo cuestión de tiempo. Por primera vez, un operador internacional ha escogido a Leixões como terminal de embarque y desembarque de cruceros. La naviera MSC apuesta por la ciudad de Oporto para la Semana Santa del 2018 como destino final de un viaje que partirá de Brasil y como comienzo de otro con rumbo al norte de Europa. El trasatlántico MSC Magnífica protagonizará la escala inaugural el 25 de marzo del próximo año.

La competencia se recrudece para Vigo. Leixões va cumpliendo poco a poco las previsiones de su plan estratégico. En el 2011 puso en marcha un muelle de 340 metros y empezó a captar grandes barcos de P&O, Cunard y Pullmantur; en el 2015 estrenó una terminal de pasajeros para potenciar la atención turística en coordinación con su aeropuerto; y en el 2018 empezará a hacer realidad su sueño de ser puerto base tras poner a su red de agentes comerciales a negociar con grandes navieras.

El MSC Magnífica saldrá de São Paulo el 11 de marzo y llegará a Leixões catorce días después tras pasar por Río de Janeiro, Búzios, Salvador de Bahía y Funchal. Ese 25 de marzo, la terminal portuense se estrenará como puerto de embarque para un viaje de siete días que recorrerá seis países, con paradas en A Coruña, Southampton, Le Havre y Hamburgo.

«Este es el primer embarque de un navío de grandes dimensiones en Leixões, solo posible en la nueva terminal de cruceros. Esperamos que sea el primero de muchos que le seguirán, potenciando nuestra fantástica terminal, sus magníficas infraestructuras y arquitectura y será, sin duda, un refuerzo para el desarrollo de la región Norte del país», manifestó Brogueira Dias, presidente del puerto luso, nada más darse a conocer la noticia. Eduardo Cabrita, director general de MSC Cruzeiros en Portugal, también recalcó, con «orgullo» por ser el primer operador que hace embarques en la terminal, que la apuesta es «ofrecer cada vez más».

La progresión de Oporto es espectacular: en el 2010 tenía 32 escalas y 27.500 pasajeros, con buques de dimensiones reducidas, y en el 2017 va a pulverizar su récord con 107 escalas (el año pasado tuvo 84) y 105.000 pasajeros. Este año sumará dos nuevas compañías entre sus usuarios, una de ellas el gigante Royal Caribbean. Catorce barcos harán sus primeras escalas en los muelles de Matosinhos.

O Vigo espabila o parece que habrá sorpasso en pasajeros como lo ha habido ya en número de cruceros. De momento, la terminal gallega baja este año a 73 escalas, aunque podrá recibir unos 150.000 visitantes gracias al tamaño de los buques que paran. La pinza entre Oporto y A Coruña, escalas naturales por su distancia de las mismas rutas, está funcionando a la perfección, ya que el puerto herculino le arrebata al vigués el liderazgo en el noroeste peninsular.

En la senda de lo que ocurrió hace un par de décadas con los aeropuertos

Ocurrió hace ya veinte años, y muchos no quisieron verlo entonces. Las autoridades del norte de Portugal se marcaron el objetivo de ir a por el mercado gallego y convertir al aeropuerto de Sá Carneiro en líder del noroeste peninsular, aprovechando la condición de segunda ciudad del país y la fragmentación de las terminales gallegas, que no han parado de hacerse la competencia entre ellas, incapaces de complementar su oferta. Hoy es un hecho que nadie discute que Oporto manda y marca la pauta en cuanto a número de conexiones y volumen de tráfico.

Todo indica, dada la evolución de los últimos años, que el tráfico de cruceros lleva el mismo camino, aunque solo sea en perjuicio de Vigo. A Coruña es el aliado natural de Oporto, que no para de crecer, y se beneficiará de su crecimiento y de la apuesta por convertirse en puerto base al abrigo de una zona con muchos atractivos turísticos (el vino, el patrimonio histórico) e inmejorables conexiones aéreas. Leixões ha reforzado su presencia en las grandes ferias internacionales y tiene un política comercial agresiva.

El futuro de Vigo, que pierde peso y no parece reaccionar, está ligado a lo que le aporte la nueva terminal que se está construyendo en Lisboa, como aliado natural en las escalas de cruceros. Aunque el Gobierno central ha hecho suyo los argumentos del Puerto de Vigo y achaca la caída de este tráfico al precio del combustible y a la pujanza del mercado asiático que otros no padecen.

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