La desolación toma O Berbés, donde solo queda un negocio

El cierre de la sucursal del BBVA deja al corazón del barrio marinero con una peluquería como único negocio activo


vigo / la voz

La pujanza de la plaza de O Berbés ya solo existe en las postales y en las fotos antiguas en las que se ve a los vigueses divertirse, en unas, y trabajar, en otras. Desde aquellas estampas tan folclóricas protagonizadas por mujeres con pañoleta y hombres con boina. Ahora, a la gente no se le ve el pelo. No se ve nada porque no hay nada que ver ni nada que hacer, a no ser que el Concello de Vigo o a alguna empresa turística se le ocurra organizar un tour por las ruinas de lo que fue el barrio marinero con más vida que el pescado fresco que llegaba a su orilla. Da igual que empiece semejante paseo por una esquina o por otra. Ya sea por la calle Real o por la cuesta de San Francisco, la miseria cerca la zona sin dar tregua.

El último en caer ha sido la oficina 6625 del BBVA, en el número 35 de la plaza. Antes lo hizo la 335 del Banco de Santander, sucursal que se encontraba en el número 37, a cinco pasos del Banco de Galicia, también desaparecido, o la carnicería El Berbés. Gota a gota seguían añadiéndose cierres a la lista en la que había un puñado de bares y restaurantes, algunos míticos, como el enxebre El Turista o el turístico El Pescador. O la confitería Berbés, de la que solo sobrevive el cartel. Pero ya no hay más negocios que sumar, porque ya no quedan. La baja del BBVA convierte a la peluquería Barros en el único negocio abierto actualmente en la plaza. Y no parece que por mucho tiempo, porque la familia Barros lleva muchos aguantando la precaria situación que empezó con apatía, siguió con abandono, continuó en decadencia y ya está en su fase terminal, que es la desolación absoluta. Ayer no estaba abierto el negocio y con un cartel en la verja anunciaban que seguirá cerrado unos días debido al fallecimiento de Carmen González Barros, que será enterrada hoy en Matamá.

Por la plaza de O Berbés ya solo pasan los vecinos que viven en los alrededores y los vigueses que salen por el Casco Vello y deciden dejar el coche en el párking que acabó con el encanto de una de las plazas más encantadoras de la ciudad (en el pasado, claro). Su remodelación, hace casi 20 años, adoquinó el espacio del mismo color que predomina en los camposantos cubiertos de lápidas. El diseño de la cubierta ha sido otro fiasco. La plaza que se inauguró en el año 2002 contaba con un estanque que en el 2009 el Concello de Vigo decidió hacer desaparecer ya que se había convertido en un foco de suciedad. En vez de limpiarlo y mantenerlo cuidado, que sería la medida más lógica, se optó por una tan absurda como antiestética, consistente el reemplazar la charca por un jardín seco en el que flotaban tres gamelas sobre piedras. A día de hoy y solo queda una, la madera está podrida y se cae a pedazos.

Los vecinos llevan más de 10 años denunciando el desamparo. Colgando ignoradas pancartas de «Barrio abandonado» en la sede de la asociación de vecinos. El Mercado de O Berbés es otra calamidad donde apenas quedan puestos de pescado aunque los barcos lo descarguen a unos metros. En la hemeroteca se puede comprobar cómo en el año 2000, los comerciantes ya cortaban el tráfico para protestar por el abandono. Ahora quedan tan pocos que no darían ni para acordonar la acera.

Proyectos

La compra de tres inmuebles por parte del Consorcio del Casco Vello para cedérselos a la Universidad de Vigo (y tres más en cartera para otros usos) ha alimentado las esperanzas de los residentes, pero los sucesivos retrasos en los proyectos de rehabilitación, catas arqueológicas y permisos previos no han variado un ápice el paisaje ruinoso de la fachada de O Berbés.

El cartel anunciador del plan de recuperación de fachadas planeado y difundido por el Concello durante el gobierno tripartito es un símbolo de todo lo anterior. Tanto se ha avanzado desde entonces, que hasta la propia lona ha mudado en ruina y cuelga como una sábana vieja del edificio colindante con la peluquería, que tiene todas sus piedras numeradas a la espera de que algo bueno pase.

Un emprendedor sin miedo a la soledad

Como contrapunto a la desértica imagen que da la plaza de O Berbés, en la esquina donde comienza la subida a la calle san Francisco trabaja sin descanso Adrián Albino Lamas. El joven emprendedor está dando los últimos retoques a un local que aún conserva su nombre anterior, Larpeiros do Berbés, pero que a partir del 16 de marzo comienza su historia con otro nombre, y eso que ya tuvo tres. «Se va a llamar O Niño Corvo», cuenta. Y añade que no le da miedo empezar con su primer negocio en una zona en declive. «No, porque la materia prima y la cocina que vamos a tener aquí puede competir con las mejores. En cuanto la gente nos conozca, vendrán desde donde haga falta aunque alrededor no haya nada más», aventura. Adrián, al que le sobra valentía, piensa traer el pescado más fresco desde el mercado de O Progreso, porque no le convence lo que le pueda ofrecer el que tiene al lado. Cociña sen vergoña es el lema del nuevo restaurante que celebra su inauguración la semana que viene. A unos metros de él también lo intentó otro bar, el Curricán, pero cuelga el cartel de Se alquila.

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