Los astilleros imprimen la marca Vigo en los buques más punteros

El naval de la ría mira al futuro debilitado en masa crítica y empleo, pero reforzado en calidad y prestigio

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Vigo / La Voz.

Vigo / La Voz. La historia de la industria naval de la ría de Vigo está llena de sufrimiento, pero también de grandes hitos. En los últimos 50 años, los astilleros y las empresas auxiliares han vivido en una continua montaña rusa, con momentos álgidos y de gran esplendor intercalados con profundas crisis.

Vinculada desde sus orígenes al sector pesquero, su trayectoria está marcada en las últimas décadas por las reconversiones, la dura competencia asiática y la crisis del tax lease, que a punto ha estado de hacer desaparecer al sector.

Cuando empezó su andadura la edición viguesa de La Voz de Galicia, en 1967, el sector crecía de la mano de la industria pesquera. Las necesidades de modernización de la flota supusieron todo un reto para los astilleros que, junto con Pescanova, se situaron a la vanguardia mundial en la construcción de los más modernos buques congeladores.

Fueron buenos años, hasta que la carga de trabajo empezó a decaer. Como las desgracias nunca viene solas, en 1981 llegó el primer decreto de reconversión naval. De poco sirvió el acuerdo firmado por sindicatos, empresarios y administración para la supervivencia del sector.

Reconversión y resurreción

Ascón (Astilleros y Construcciones) fue una de las primeras víctimas. Asfixiada, dejó de pagar los salarios. Vulcano entró en regulación de empleo. Los trabajadores no aguantaban más y, alentados por un movimiento sindical sin precedentes, se lanzó a la calle con movilizaciones contra los despidos, huelgas generales y manifestaciones para la historia, como la del 15 de abril de 1983 que, según relató La Voz entonces, reunió a 250.000 personas.

Pero la reconversión no había hecho más que empezar, y en 1984 mostró su rostro más amargo. El Gobierno impuso un recorte de la capacidad productiva de los astilleros, que llevó al cierre de Ascón; mientras Vulcano, Barreras, Freire y Santodomingo tuvieron que acometer drásticas reducciones de plantilla.

La sangría de empleo fue brutal. La reconversión dejó en la calle a 4.260 trabajadores en Vigo y el naval tardó tiempo en levantar cabeza. Dicen los veteranos del sector que, en realidad, nunca se ha repuesto.

Pero poco a poco empezó a remontar. A ello contribuyó el grupo Rodman, hoy controlado por la multinacional asiática China Sonangol, con la constitución de Metalships & Docks, en las antiguas instalaciones de Ascón, que permitió la incorporación de más de medio millar de parados.

Los astilleros fueron incrementando su capacidad productiva hasta que en el año 2005 se produjo el mayor bum de la construcción naval viguesa, como consecuencia de un repunte mundial del sector.

Cinco años de gloria

Fueron años gloriosos en los que armadoras de todo el mundo encargaban en Vigo buques de elevada tecnología. Entre los años 2006 y 2011, la industria de la ría fabricaba el tope de gama de las embarcaciones más complejas, como sísmicos, destinados a la industria del petróleo (un nicho de negocio en el que el sector se posicionó en Europa entre los más competitivos), además de modernos buques científicos y oceanográficos; y ferris para las principales navieras españolas como Balearia, o Armas. Entre ellos destaca el Abel Matutes, para Balearia, que es el barco de mayor eslora (195 metros) construido por un astillero en la ría de Vigo. Fue obra de Hijos de J. Barreras.

La injusticia del «tax lease»

Pero la euforia bajó de golpe cuando en julio del 2011 la Comisión Europea abrió un expediente al régimen de incentivos fiscales que se venía aplicando desde el 2002 para la construcción de buques en los astilleros privados españoles, el polémico y finalmente legalizado tax lease. La medida supuso la inmediata salida del mercado de la industria gallega y la entrada en una espiral de expedientes de regulación de empleo, concursos de acreedores y liquidaciones. Las pérdidas de contratos se cifraron en más de 2.000 millones de euros. La recuperación fue lenta y, por el camino, ha dejado en manos de capital extranjero a los dos mayores astilleros de la ría, el ya citado Metalships e Hijos de J. Barreras, que en el 2013 fue adquirido (el 51 % del capital) por la mexicana Pemex con grandes planes de carga de trabajo que, finalmente, han quedado reducidos a la contrucción de un flotel, el Reforma Pemex, que ya surca las aguas del Golfo de México.

Con la resaca todavía en el cuerpo, el sector reconoce que hay un antes y un después en la construcción naval gallega, profundamente marcada por la crisis del tax lease, fundamentada en una denuncia falsa que el Tribunal Superior de Justicia Europeo acabó tirando por tierra.

Fue en diciembre del 2015, pero el daño ya estaba hecho y el sector ha tardado en levantar cabeza. No ha sido hasta el último trimestre del 2016, pero el cambio de ciclo hacia la parte más elevada de la montaña rusa parece confirmarse ya que, por primera vez desde el 2011, todos los astilleros han arrancado el 2017 con carga de trabajo.

El Ministerio de Industria reconoce una veintena de buques en cartera en los astilleros gallegos, por un valor aproximado de 1.000 millones de euros, frente a 31 unidades en el resto del sector en España. De nuevo el naval vigués está en la buena senda, dispuesto a recuperar el liderazgo y, esta vez, a amarrarlo bien.

26 / 11 / 1983

A la calle contra la reconversión

«Entre 5.000 y 6.000 personas (más de 10.000, según CC.OO. e INTG, y 4.000, según UGT) participaron ayer en la manifestación que se realizó en Vigo después de iniciada una huelga de cuatro horas en todos los astilleros y empresas auxiliares de la ría, a la que se unieron también trabajadores de empresas en crisis. Por la tarde, en Porriño, se llevó a cabo otra concentración de trabajadores de empresas que están pasando por dificultades, entre ellos los de Rubiera Stalton, que realizaron una marcha de seis kilómetros desde Las Gándaras hasta Porrino. El paro en los astilleros y empresas auxiliares afectó a todas las plantas de construcción naval de la ría, y los trabajadores abandonaron las empresas para dirigirse hasta el punto de concentración. Al finalizar la manifestación, representantes de CC.OO. y de la INTG se dirigieron a los concentrados en la Puerta del Sol».

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