Abriendo y cerrando hospitales

Antes la sanidad era la casa del médico. En cinco décadas se han inaugurado ocho centros hospitalarios y todos los de primaria


Vigo / La Voz.

Vigo / La Voz. El Hospital Xeral no se llamó Hospital Xeral hasta que tenía 28 años. Y no por el impensable gallego del franquismo, sino por la primera palabra. En los años 40 y 50 hospital aludía a los centros de beneficencia, que solían ser barracones con decenas de camas en la misma estancia. Así que la dictadura optó por el término residencia, mucho más limpio, y Vigo contó con una de las primeras de toda España. Era 1955 y estaba vigente el Seguro Obligatorio de Enfermedad, que cubría a los trabajadores más pobres. En las capitales de provincia sí había un hospital provincial de beneficencia, pero en Vigo solo estaba el pequeño municipal, hoy Nicolás Peña. Y eso que había muchos trabajadores del sector industrial, adscritos al SOE, sin que este tuviera ningún centro en la ciudad. Por eso, la Residencia Almirante Vierna fue una de las primeras que existió en España. Tenía una característica que entonces se antojaba vital para prestar una buena asistencia: era muy alta.

La Voz llega a Vigo en 1967 y la sanidad está empezando a expandirse. El Pirulí crece. En 1955 había nacido con 140 camas. En 1971 ya tiene 665. Pero el SOE no llega a todo el mundo. La medicina es, fundamentalmente, privada. Los médicos consultan en sus casas o en pequeñas clínicas y, después, operan en los hospitales, también en la residencia.

En el año que nace La Voz de Vigo, un grupo de médicos crea en la avenida de Madrid el policlínico Cíes, que no pasaría a la Seguridad Social hasta 1976. En los años siguientes la privada florece. La clínica Fátima se había abierto en 1963 y en los 70 experimenta su primera gran ampliación. En 1973 también nace el Hospital Povisa. Aparecen el Sanatorio Concheiro, la Clínica Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y se renueva la Clínica Pintado, y hasta se crea en 1976 el Rebullón, un psiquiátrico que revolucionó la era de los manicomios. Vigo es una ciudad en expansión y la oferta sanitaria se multiplica. «En los 70 hay una explosión de la sanidad», constata Julio Cabrera, que en los 80 sería director provincial del Insalud.

Ese fue el organismo que gestionó la sanidad en toda España desde su nacimiento, en 1978, hasta las transferencias, que en Galicia se completaron en 1991 con el nacimiento del Sergas. Cuando se crea el Insalud, la sanidad pública está dando tímidos pasos por expandirse. Ha comenzado un proceso capital, la llamada jerarquización. Hasta los 70, los médicos tenían cupos de pacientes que atendían en ambulatorios e ingresaban y operaban en los sanatorios. Cada uno, el suyo. Eran como pequeñas empresas que cobraban del Estado. La jerarquización supone desarrollar las especialidades médicas y quirúrgicas y crear los servicios, equipos profesionales coordinados.

Con la democracia se regula la universalidad. El Xeral asume su actual nombre en 1983, con el PSOE en el poder, para eliminar cualquier vestigio franquista. El hospital se amplía, pero no es suficiente.

Son los años en los que se diseña la atención primaria como tal. El modelo de Vigo lo diseñaron Cayetano Rodríguez Escudero y Julio Cabrera, según este. Había pocos ambulatorios en la ciudad, que tenían médicos especialistas y generales, pero sin coordinación. El Insalud crea los de Lavadores, Valladares, A Doblada, Colmeiro y otros, además de algunos en el área de Vigo, como Ponteareas, Tui o Val Miñor. Se estructuran por equipos, como en los hospitales.

La apertura del Meixoeiro en 1989 y la creación del Sergas en 1991 lo cambian todo. El Xeral se amplía en esos años e incorpora nuevas especialidades. Se expande por la calle Pizarro, se destroza el proyecto arquitectónico. ¡Hace falta espacio! El Meixoeiro también crece y se lleva la alta tecnología. Se celebran las primeras operaciones a corazón abierto y aparecen los aceleradores lineales de radioterapia para el cáncer. Los hospitales compiten entre sí. A pesar de tener más recursos públicos, no son suficientes: en 1993 Povisa asume la asistencia de una parte de la población del Sergas.

Vigo se convierte en el laboratorio de pruebas de la sanidad gallega: la población se trocea en tres pedazos -dos públicos, Xeral, Meixoeiro, y uno privado, Povisa- que se reparten en hospitales generales que no se especializan en nada, y la Xunta incrusta la empresa pública Medtec en el Meixoeiro para que gestione la alta tecnología. Fruto de aquello se forja el carácter combativo de la sanidad viguesa. Y se constata un problema: no es la calidad profesional, sino la organización. Todo ha crecido tan rápido como la propia ciudad. Si el urbanismo desenfrenado ha generado un Vigo caótico y alocado, la apertura de hospitales sin una coordinación ha provocado una sanidad desordenada. Y el desorden mengua recursos: la sanidad está cada vez más tecnologizada y superespecializada; pero en los hospitales de Vigo no queda sitio para nada.

Por eso en el año 2001 la Plataforma para la Defensa de la Sanidad Pública propone el proyecto de un nuevo hospital para la ciudad, que centralice la asistencia y ponga un poco de orden. Ese hospital se abre en el verano del 2015 bajo el nombre de Álvaro Cunqueiro, el octavo en 50 años. Con su puesta en marcha se cierran el Cíes, el psiquiátrico Rebullón y los ambulatorios de Coia y A Doblada. Se clausura también el Xeral, el histórico Pirulí, el lugar donde, según el Sergas, nacieron más de 240.000 vigueses a lo largo de 60 años. Un tiempo que ha transcurrido abriendo y cerrando hospitales.

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