Orgullo del Vigo que se ha hecho a sí mismo


Alcalde de Vigo

Echar la vista atrás, profundizar en nuestra historia, es siempre un ejercicio de reflexión necesario y revelador. Necesario porque es imprescindible conocer de dónde venimos para trazar la senda común de nuestro futuro; revelador porque nos ofrece una perspectiva en ocasiones eclipsada por la inmediatez del presente, por la velocidad a la que transita la sociedad del siglo XXI.

Vigo ha evolucionado y crecido de forma exponencial en los últimos cincuenta años. Aquello que hoy damos por sentado fue otrora objeto de debate en la ciudad, inmersa como estaba en la búsqueda de su propio camino, espoleada por la pujanza industrial y económica y el consecuente crecimiento demográfico. Vigo daba las últimas pinceladas a la urbanización de arterias hoy centrales como la avenida de las Camelias, Jenaro de la Fuente, la avenida de Castelao o la calle Aragón, al tiempo que lamentablemente se derribaba el mercado de A Laxe -en los terrenos del actual Hotel Bahía- o se rellenaba entonces parte de la playa de Samil, junto a la desembocadura del Lagares, que concluiría años más tarde con la construcción del muro.

Fueron años de contrastes en los que Vigo, como buena parte de Galicia y de España, sufrió las consecuencias de un modelo de contrucción expansionista que en ocasiones dio la espalda a nuestro patrimonio histórico y natural. Sin embargo, a la vez Vigo sentaba las bases de la ciudad moderna y abierta que hoy somos, por ejemplo, acogiendo la primera edición de la World Fishing Exhibition o asentando los primeros pilares de Rande.

Una parte de aquel discordante desarrollo en aquellas décadas, unido a su larga y brillante historia, con una arquitectura excepcional, le confiere parte de su encanto a Vigo y hoy, sumidos como estamos en un proceso sin precedentes de embellecimiento y modernización urbana, recogemos aquel legado con orgullo. Sentimos el orgullo del Vigo que se ha hecho a sí mismo, con sus aciertos, con muchos más éxitos que errores. Nos sentimos orgullosos de nuestra historia, de nuestra arquitectura, de nuestra naturaleza, de un carácter solidario, generoso y afable, de nuestra vocación positiva y de futuro. Nos sentimos orgullosos.

Y en los últimos cincuenta años, La Voz de Galicia fue testigo y vector informativo de la ciudad. ¡Nuestro feliz cumpleaños!

Hoy somos más conscientes de lo que somos: la mayor ciudad gallega y del noroeste español, principal polo demográfico, laboral, económico, empresarial e innovador de este territorio. Y sabemos la fuerza que ello nos otorga, en Galicia y en España. Conocedores de nuestro provenir y del peso que tiene Vigo, nos embarcamos hace ya casi diez años en un proyecto de ciudad común y compartido, que se fija tanto en el exterior como en sí mismo. Hoy Vigo busca su espacio en Galicia y España; la ciudad ya es referente en el municipalismo español y, aunque su encaje administrativo en la comunidad a través del Área Metropolitana esté siendo boicoteada desde la Xunta, seguiremos nuestro camino. En Vigo estamos promoviendo un proceso de transformación, ganando en modernidad, comodidad y calidad de vida, donde el ciudadano, la luz y el verde recuperan protagonismo de calles y plazas.

Hoy Vigo vive en su casco vello, rehabilitado y reconquistado para la gente, la cuna de una ciudad con siglos de historia. Hace cincuenta años no supimos proteger un patrimonio que hoy sí estamos poniendo en valor, recuperando la zona vieja, la muralla del Castro, la villa romana de Toralla o inmuebles como la Casa do Patín, en Bouzas, o finca Solita. Además, los vigueses y viguesas estamos modificando nuestros hábitos de movilidad, salvando los avatares de la orografía mediante escaleras mecánicas, ascensores y rampas que dibujan el Vigo dinámico y moderno que por historia somos. Es el Vigo Vertical.

Es nuestro orgullo de ser vigueses, de seguir haciendo nuestra ciudad. La del AVE que nos niegan, la del aeropuerto que estamos consiguiendo, la del partido judicial, de la depuradora conseguida, la del auditorio, la del registro mercantil... Y así, los vigueses y viguesas estamos cambiando en los últimos años nuestra relación con la ciudad. De aquel Vigo sombrío de los setenta -que prácticamente escondíamos a las visitas- hemos pasado al Vigo luminoso, a tomar las calles, a lucir y mostrar una ciudad humanizada, sostenible y moderna. Y este cambio ha venido para quedarse.

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