De futbolista a carnicero según la sharia

El joven marroquí regenta la única tienda local que solo despacha productos «halal» aptos para musulmanes


vigo / la voz

Atravesar la puerta de la carnicería de Hassan Elhariri, en el número 26 de la calle Pino, es como entrar en un zoco comprimido en una sola estancia. En ella cabe todo un universo que se rige por una serie de preceptos seguidos por millones de personas en el mundo y el joven marroquí se ocupa de proporcionar esa oferta a los que viven en Vigo. Allí se habla castellano, pero también mucho árabe, que es el idioma de buena parte de la clientela, que aprovecha para charlar un rato con el simpático vendedor y a veces, hasta regatear como si estuvieran en el mercado.

En su carnicería, cuya actividad complementa con la venta de una amplia gama de productos, solo se despacha carne halal, es decir, la que procede de animales que han sido sacrificados siguiendo las normas de la ley islámica, sin aturdimiento previo. La proximidad de la mezquita, en la calle de atrás, hace que sea un negocio estratégicamente situado. Él mismo acude al rezo cada vez que toca. «A veces me riñen porque cierro, pero no tardo ni 10 minutos en volver», afirma.

Hassan, nacido en Beni Melal, llegó a Vigo hace 9 años aunque su primer lugar de residencia fue Tui .«Jugaba al fútbol en el Vilaboa en la temporada 1999-2000», recuerda aclarando que su intención al principio fue buscarse la vida con el balón en España a pesar de que no tenía necesidad. «Ya jugaba en Marruecos y vivía bien, pero me atrajo el nivel de aquí», aunque lo que más le interesaba era trabajar. «De aquella no tenía papeles, querían ficharme pero había que esperar. Yo entonces tenía mucha prisa y poca paciencia, así que me fui a Milán, en Italia, donde tenía familiares que iban a gestionar la residencia, pero no era tan fácil como me contaron. No me gustó el ambiente y regresé en el 2006», explica.

La ley de arraigo y el fútbol le brindaron una segunda oportunidad. «Al volver jugué en el Vilariño de Nigrán y gracias al que entonces era expresidente del Vilaboa, testigo de mi anterior estancia, pude conseguir la residencia». El fútbol era una gran afición con la que conseguía diversión pero poco más que 50 euros a la semana. El empleo que le daba de comer estaba en la gasolinera de plaza de España. «Pienso que podía haber llegado más alto en el deporte, pero el primer año conocí a mi mujer aquí, tuvimos una hija y lo primero es la familia», reflexiona añadiendo que ya tienen dos más. De todas formas, sigue jugando como aficionado.

La casualidad hizo que la dueña de la única carnicería halal que había en la ciudad, en Travesía de Vigo, era la mujer de su jefe. «Se acabó mi contrato, a la vez ella se jubilaba y empecé a darle vueltas la idea de abrir mi propio negocio, asegura. Hassan admite que no tenía ni la menor idea de la profesión de carnicero cuando empezó. «Tengo que dar muchísimo las gracias a mis primeros clientes, fueron muy comprensivos a pesar del desastre. Aprendí despacio, cometiendo errores», declara. El carnicero reconoce que la tienda le da justito para poder vivir dignamente. Muchos le dejan a deber y pagan a fin de mes , «pero no hay queja, me gusta estar aquí», aunque deja caer que está planeando para el futuro montar un restaurante de comida árabe. «Cuando le vea más posibilidades a ese mercado. Tengo dudas, porque la hostelería es muy dura y con las comidas exóticas es difícil tener una clientela constante», reflexiona.

La carne halal la consigue en un matadero de Sada. «No es fácil lograr que los operarios lo hagan correctamente», advierte. «Antes venía de una empresa de Pontevedra, pero aturdían a los animales un poco y no tenemos la seguridad de que fuera halal al cien por cien». En el de Lugo, según cuenta, usan una máquina que sujeta la cabeza de la res y le pasan el cuchillo para el degüello. No sufre más que si lo aturdes porque muere rápido», opina. «Esta carne la comen los que respetan las normas religiosas, pero también hay musulmanes que no lo hacen», indica.

En su establecimiento, Hassan no despacha ningún producto que vaya en contra de su religión, «como bebidas con alcohol, cerdo y derivados o que contengan grasa porcina en sus ingredientes». En las estanterías hay alimentos procedentes de Marruecos, Egipto, Nigeria, Ghana o Senegal y su clientela es multicultural, pero también vigueses.

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