El barrio de Casablanca se reivindica

Cuatro hosteleros crean un colectivo al que invitan a más socios a sumarse para organizar actividades de ocio en la céntrica área sin espacios de encuentro ciudadano


vigo / la voz

La movida cultural va por barrios y si los aledaños de Churruca fueron durante años el epicentro de las salas de conciertos alternativas, hoy ya se parece más a un conjunto de calles con una gran oferta para salir de noche. Muy cerca está el barrio de Casablanca y reclama su protagonismo. No de forma arbitraria, sino porque en el área hay un grupo de hosteleros inquietos que llevan años trabajando para ofrecer al público algo más que copas y música enlatada en una zona eminentemente de comprar marcada por la presencia de El Corte Inglés.

Para dar fuerza a su labor han creado la asociación Barrio Casablanca, que echó a andar hace un mes. Alberto Cameselle, de La Leyenda (Venezuela, 84), Rafa Chao, de El Contrabajo (Venezuela, 82) Eduardo Meijueiro, de La Pecera (Pizarro, 35) y José Antonio Miguel de La Comedia (Vázquez Varela, 50), son los cuatro socios fundadores de la entidad que, como explica Cameselle, «comenzó por cercanía, ya que estamos uno al lado del otro y todos en la misma onda, en el sentido de que organizamos conciertos y actuaciones de forma periódica y nos interesa fomentar esa vertiente cultural».

La decisión de asociarse va más allá de una mera alianza comercial que tiene sus primeras acciones visibles en las redes sociales con página en Facebook y web ya activa. Los cuatro locales son el germen de actividad continua. Música en directo (en La Pecera y El Contrabajo la media es de tres veces por semana), teatro, festivales de cortometrajes, monólogos, citas after work y sesiones vermú forman parte de su agenda habitual. Pero su intención va un paso más allá. «Nos interesa hacer barrio y que se asocien más locales de la zona que quizás pasen desapercibidos por estar más lejos de la influencia de los grandes almacenes que son nuestra cara y nuestra cruz a la vez», reflexiona en relación al tráfico de cientos de personas que genera el Corte. Que su presencia no sea solo un «de paso que», sino que se queden por los alrededores a disfrutar de la oferta de ocio y gastronomía está también en su carta fundacional.

De los cuatro locales, La Leyenda es el más antiguo. Tiene 30 años. Su vermú de barril es tan legendario como su nombre y genera procesiones matinales los fines de semana. Aunque Alberto Cameselle solo lleva dos años al frente, se ha preocupado de mantener su esencia. La Pecera abrió hace 12 años y El Contrabajo acaba de cumplir una década. El más nuevo es La Comedia, desde el 2012.

Cualquier vigués de cierta edad sabe situar en el plano de Vigo el distrito de Casablanca. Eso no ocurre ya con los más jóvenes, que carecen de referentes de encuentro, de esos que hacen barrio. Por otra parte, los difusos límites que se funden con San Roque y una ubicación tan céntrica como escarpada lo dificultan más. «Dónde empieza y dónde acaba el barrio es una discusión que tenemos casi cada día», reconoce con humor Alberto.

La pequeña América

Eduardo Meijueiro asegura que ya aparece como tal en Google Maps e indica que «más o menos», el área de influencia es la que abarca desde la plaza de España hasta el cruce de Los Llorones y el cruce de Urzaiz con Gran Vía. El nombre de muchas de las calles: Venezuela, Paraguay, México, Cuba, Brasil, Bolivia... también ha contribuido a que la barriada se conociera como la pequeña América. El responsable de La Pecera no solo tiene en Casablanca su negocio, sino que creció allí. Sus abuelos se instalaron en la zona cuando llegaron a Vigo y él recuerda que era un barrio en el que antes de llegar El Corte Inglés abundaban los gremios profesionales, «había muchos madereros y cantidad de tabernas, fue cambiando y ahora lo que tenemos es un volumen de tráfico tremendo».

Donde encuentran los habitantes el mayor escollo es en la ausencia de un espacio público, una isla donde refugiarse del ruido urbano. En ese sentido, la asociación recién creada también apunta una reclamación ciudadana. «No hay ningún un espacio verde donde poder hacer actividades donde se pueda juntar la gente o al menos, una vía peatonal». La petición de una zona verde es histórica, pero ha sido siempre ignorada. «De hecho, en el pasado había algo más. Por ejemplo, el Hospital Xeral tenía jardines que fueron desapareciendo», recuerda. Ahora, la ausencia del centro sanitario ha dejado un vacío que esperan se vuelva a llenar con la Ciudad de la Justicia.

El futuro inmediato de la asociación pasa por poner en marcha iniciativas conjuntas, al estilo de lo que están haciendo los nuevos moradores de la parte alta del Casco Vello. «Tenemos ideas pero necesitamos crecer con más socios para organizar cosas al aire libre, como por ejemplo, un día al mes habilitar una zona de mercadillo y actuaciones», propone.

El origen del nombre. Según los estudiosos de la historia de Vigo, la denominación de Casablanca viene de una casa de color blanco que estaba frente al muro de la estación de tren. La coral más laureada de la ciudad también eligió ese nombre porque nació en la iglesia de los Padres Capuchinos, en la calle Vázquez Varela.

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