«Es divertido jugar con el lector a que adivine qué fue real y qué es ficticio»

Gabriel Romero, doctor madrileño afincado en Vigo, acaba de publicar su segunda novela


vigo / la voz

Todo el mundo sabe que los médicos escriben fatal. Pero, afortunadamente, la leyenda que les persigue (con razón en muchos casos) se refiere a la grafía. Hay doctores que escriben muy bien. Por ejemplo, Gabriel Romero de Ávila, un madrileño que además de abrazar Vigo con alegría disfruta fabulando historias. La última se llama La reina demonio del río Isis. La publica la editorial Trymar y acaba de presentarla en la librería El Hobbit del barrio vigués de Navia. Aunque reside en Vigo, el doctor especialista en medicina familiar trabaja desde hace un año en el servicio de urgencias extrahospitalarias de A Guarda (valga la redundancia por lo de hacer guardias un lugar con ese nombre).

-¿Cuándo llegó a Vigo y cómo se siente aquí?

-Al acabar la carrera trabajé en Inglaterra. Después en Tenerife y de ahí fui a Pontevedra, donde estuve trabajando tres años, aunque residiendo en Vigo, adonde llegué en el 2003. Xa falo galego e todo. Es una ciudad fantástica y acogedora. Estoy muy contento y muy integrado. Me siento muy vigués.

-¿Cuándo empezó a compaginar la medicina con la literatura?

-No sabría decirlo exactamente. Desde hace muchos años colaboro con revistas literarias, en páginas web, escribiendo relatos... El salto a la novela fue algo más arriesgado porque siempre impone y es un trabajo más serio y exige una dedicación mayor.

-¿Qué fue lo que le dio el empujón?

-Al estar en contacto ya con gente que se mueve en este mundillo me dio alas. Quería lanzarme a la aventura y he tenido muchísima suerte con la editorial.

-Pero este no es su debut. Ya tenía una novela anterior, ¿no?

-Sí. Hace dos años publiqué Nilidiam, pero tuve algunos problemas con los editores y al final conseguí recuperar los derechos de la misma.

-¿Están relacionadas?

-Son independientes pero dentro de un esquema común de novela de aventuras. Yo adoro ese tipo de historias tipo Salgari o Julio Verne donde aparecen lugares remotos y sitios inexplorados. Por eso quería crear esa base y es como una precuela, pero independiente. Al crear un marco nuevo y a la vez integrado en una zona, puedes hacer muchas novelas futuras situadas en localizaciones y épocas muy distintas. Yo espero que haya más.

-Lo que se nota es una gran fascinación por la historia

-Me encanta. Pero a la vez me parece muy divertido jugar con que el lector no tenga muy claro qué es cierto y qué no, para generar una duda que le llame a investigar y preguntarse hasta dónde es verdad. En la novela creo una nación ficticia que podría situarse en el norte de África, entre Libia y Túnez, y se integra con la historia local, las guerras púnicas, el imperio otomano, los corsarios del Mediterráneo...

-¿Pensaba en el público juvenil al escribir La reina demonio del río Isis?

-Jóvenes y mayores porque hay una mezcla de géneros y ninguna sombra de Grey. Hay mucho de novela de aventuras, un poco de fantasía y otro poco de novela histórica. Yo siempre digo que soy más Salgari que Ken Follet, salvando las distancias, claro.

-¿Escribe de forma habitual o solo cuando tiene un proyecto?

-Siempre. Creo que me moriría si no escribiera. José Luis Sampedro decía que es como una forma de sacar tumores de tu cerebro. Es muy divertido. Me encanta fabular, crear genealogías y lo necesito. Si no escribo estoy de mal humor. Lo siento como una necesidad vital.

-¿Es una vía de escape?

-Laboral, no, porque también soy feliz en mi trabajo. Soy afortunado porque he estudiado lo que he querido y trabajo en ello. Escribir me permite, además, interaccionar con creadores, creadores e ilustradores y genera momentos muy bonitos. Las dos facetas me gustan. La medicina te lleva a conocer a mucha gente, sus ilusiones, dificultades y sueños. Y eso es también una forma de crear historias.

-¿Qué le atrae de la especialidad de médico de familia?

-Hice la especialidad en el centro de salud de la calle Cuba y tenía un tutor que siempre decía que los médicos de familia somos especialistas en personas en vez de en órganos o enfermedades concretas. Los pacientes te cuentan de todo, hay un nivel de franqueza y de relación a largo plazo mayor que con otro tipo de médicos. El 90 % de los problemas se solucionan en atención primaria. Requiere una dedicación muy exigente y saber escuchar y generar confianza es fundamental.

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