El belén más vigués se escribe con uve

Alberto Salas es el autor del 'velén' del centro comercial A Laxe, el nacimiento con menos rigor histórico de la historia


Vigo / La Voz

En el belén del centro comercial A Laxe la historia sagrada es solo una excusa para dar rienda suelta a la imaginación y convertir las escenas del nacimiento de Jesús en un divertido paseo por un pueblo lleno de guiños locales y humor. Pintadas en las paredes contra los romanos, un equipo de televisión entrevistando a San José, un Sireno al lado del ángel anunciador, el barco de la rotonda de Coia, las elecciones en EE.UU, la búsqueda de Diana Quer.... Lo cierto es que está lleno de sorpresas y algunas de ellas las desvela su propio autor: Alberto Salas, que comenzó a hacer belenes en 1995 en los bajos de la tienda Arte Sacro María Auxiliadora. «Hay un meón y 2 cagoneros que el público no encuentra casi nunca y este año uno de ellos es muy fácil de hallar porque muchos mirando para él. Y el otro está a escasos 50 centímetros del público», revela. Salas, que llama a su obra Velén, el Belén de Vigo, lleva desde su infancia montando belenes, ya que pudo dar rienda suelta a esta afición en el escaparate de la Librería Iberia, negocio familiar que estaba en el Casco Vello de Vigo y en el que también se vendían, todas las piezas para sus montajes.

Su experiencia está más que demostrada. En 1998, cuando hacía su Velén en la tienda sacra, responsables de Abanca (entonces Caixanova) le proponen montar el belén el edificio principal de la caja, algo de lo que se ocupó hasta el 2010 «con la excepción del 2008», aclara.

Desde el 2011 lo hace por encargo de Zona Franca y pasa a exponerse en el Centro Comercial A Laxe, donde este año será el sexto que se exhibe. «Intento representar en su poco espacio, los acontecimientos más notorios de la ciudad, incluso de Galicia, España y el mundo», cuenta añadiendo que su Velén es el hermano pequeño de los belenes monumentales de la provincia. «Mide 20 metros cuadrados, tiene entre figuras y animales unas 400 piezas y todos los años se renuevan, excepto la base. Es como Vigo en el año cero. Una ciudad en movimiento que crece y sus habitantes viven situaciones nuevas». Entre buscar ideas, plasmarlas y el montaje, Salas invierte entre 4 y 5 meses y asegura que para verlo bien se necesitan entre 40 y 60 minutos, «dependiendo de la sagacidad del visitante».

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