Reclama un piso social ante el dinoseto para poder recuperar a sus tres hijos

Divorciada, sobrevive con una pensión no contributiva. Uno de los menores está con los abuelos y otros dos en centros tutelados


vigo / la voz

36 años, divorciada, tres hijos, sin trabajo ni ingresos salvo una pensión no contributiva de 365 euros mensuales con los que intenta salir adelante. Su exmarido tampoco tiene empleo y su medio de vida es una renta de inserción social (risga). En esas condiciones ninguno de ellos puede salir adelante. Por esta razón, su hijo mayor, 15 años vive con sus abuelos; el mediano, de 10, en un centro de menores, y la pequeña, de solo 7, en acogimiento por parte de una familia.

Ante este panorama, Verónica Román decidió ayer salir a la calle, dar la cara, explicar su situación y reclamar una ayuda pública eficaz. Y lo hizo eligiendo para su protesta un lugar que en poco tiempo se ha convertido en emblemático. Ante el dinoseto de la Porta do Sol exhibió su cartel protestando por lo que considera un abandono.

«Solo podría organizar mi vida y recuperar a mis hijos con una vivienda pública cedida en régimen de alquiler social. Alquileres baratos no hay, en todos piden avales, nóminas y cuando se enteran de que vivo de una pensión no contributiva me rechazan». Por ello no tiene otro remedio que vivir en un piso compartido en la calle Fragoso, en el que tiene alquilada una habitación. «Pago 150 euros cada mes y me quedan 7 euros al día para vivir y atender a mis hijos, a los que veo cada quince días. Y, claro, no llega, y las deudas a veces se acumulan».

En un intento de solventar alguno de sus agujeros, en junio solicitó una ayuda del Concello conocida como cheque social. «Tuve suerte, me concedieron 534 euros y he podido saldar deudas con el arrendador». Este dinero lo ingresa Benestar Social directamente en la cuenta corriente de este último, lo que garantiza el fin para el que se ha solicitado. Una buena noticia, pero insuficiente para cambiar el rumbo de su vida.

«A nadie se lo deseo»

«Recibo ayuda de mis amigos, pero me están ayudando demasiado, debo demasiado. Y lo que deseo y reclamo es poder recuperar a mis hijos». Ahora mismo, cada dos semanas, ella o el padre de los dos menores [al mayor puede verlo con libertad] se acerca a recogerlos. «Los tenemos desde las 12,30 a las 18 horas; están un rato con nosotros y tenemos que darles de comer y llevarlos a algún sitio, pero carecemos de medios.

Su pensión, que disfruta desde el 2005 tras perder un pulmón, la ha complementado mientras pudo con un empleo, pero desde hace cuatro años está en paro, con la excepción de un empleo en el Concello, un año más seis meses de paro que también se terminó. Ha hecho de muchas cosas, camarera, ayudante de cocina, dependienta, cuidado de niñas, pero con su minusvalía le han prohibido trabajar en hostelería y limpieza, un límite que le ha impedido encontrar empleo.

«Ahora mismo no sé si voy a pasar la navidad con mis hijos. El mayor está enorme, el segundo extrovertido y la pequeña un encanto, pero con una habitación me los dejan solo para comer. Por eso necesito un piso que pueda pagar y le pido al Concello que no venda los que tiene», concluye.

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