Harakiri para volver a nacer

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

m. moralejo

El cocinero argentino Andrés Medici cierra Osushi para afrontar una nueva etapa más cerca del minimalismo nipón

18 dic 2016 . Actualizado a las 13:14 h.

Cuando el argentino Andrés Medici llegó a Vigo, la cocina japonesa todavía sonaba a chino. De hecho, a buena parte de la población le sigue pareciendo una especie de cuento oriental que no acaba de cuajar. Entre otras cosas, porque la gastronomía nipona de calidad tiene un nivel difícil de alcanzar y se ofrecen sucedáneos que no convencen. No es el caso de Medici, un discípulo fiel y convencido, entregado a la alta cocina oriental.

El cocinero, que nació y creció al sur del país, a las puertas de la Patagonia, cruzó el charco después de un intenso período de formación al lado de uno de los grandes: Iwao Komi`yama, un veterano chef argentino-japonés que fue pionero en la fusión de la cocina nipona y latinoamericana, introduciendo en Argentina la alta cocina japonesa. En su restaurante de Buenos Aires, el joven Medici construyó una sólida base.

De allí dio el salto a España y aquella aventura resultó mayor de lo que pensaba, ya que fue a caer en el Hotel Guadalpín de Marbella, que se hizo célebre al convertirse en uno de los centros del lujo y el glamur en la época de las vacas gordas de Julián Muñoz e Isabel Pantoja. «Después de que explotara el escándalo las condiciones de trabajo empezaron a deteriorarse y muchos nos fuimos», recuerda. A él le hicieron una propuesta para trabajar en Andorra y allá se marchó con su mujer, Ivana, y sus hijos. «Pero no nos gustó, así que puse el currículo en Internet y me llamaron de un restaurante vigués, donde estuve cerca de un año muy a gusto», reconoce.