Un marinero debe reconocer a una hija que concibió en las fiestas de Coia de 1978

La Audiencia ve incomprensible que el demandado se hubiese negado a someterse al test de ADN


vigo / la voz

La Sexta Sección de la Audiencia de Pontevedra, con sede en Vigo, ha ordenado a un marinero que inscriba en el Registro Civil de Nigrán a su hija natural, a la que él se niega a reconocer la paternidad desde hace 37 años. La madre dice que mantuvieron una relación durante las fiestas de Coia de 1978, a raíz de la cual se quedó embarazada, pero luego el hombre se negó a reconocer la paternidad.

La hija ganó el juicio de filiación en octubre del 2015 pero su supuesto padre recurrió contra la sentencia, que ahora confirma la Audiencia.

El demandante alegó que la presunta hija no había presentado suficientes pruebas de que él era el padre, apenas diez fotografías. El tribunal replica que la hija hizo un relato razonable y congruente de los hechos que aunque no demuestran la filiación sí prueban la seriedad de la petición. En las fotos se identifican los padres del demandado (los abuelos paternos), incluso la madre con la hija, la casa y el coche.

El demandado también se quejó de que el juez había hecho una interpretación «insólita» porque precisamente él se había negado a someterse a la prueba biológica de la paternidad por no existir indicios de ella. El tribunal considera que tal negativa es «injustificable e incompresible» porque le habría servido para aclarar que él no era el padre como dice.

Recalcó que ni de las fotografías, los testigos o el interrogatorio a las partes se puede deducir que hubiese existido una relación sentimental, aunque fuese esporádica, entre él y la madre, que hubiese podido propiciar la concepción de la hija.

Alegó que él estuvo navegando en un pesquero hasta el 30 de junio de 1978 por lo que si la hija nació en 1979, el parto tendría que haber sido prematuro necesariamente, circunstancia que no probó la que dice ser su hija.

Por su parte, tres amigas de la madre aseguraron que ella les contó que había tenido relaciones esporádicas con el demandado en julio de 1978 en las fiestas de Coia que culminaron en un embarazo. La Audiencia cree que ello es una prueba de que pudo haber, al menos, una relación sentimental. A ello se suma que, en los siguientes seis años, hubo contactos entre las familias materna y paterna como pruebas las fotografías en la casa de los abuelos.

El tribunal añade que un parto prematuro de ocho meses desde la concepción es perfectamente posible, como demuestran las estadísticas, y porque no ha podido ser refutado por la documentación médica porque no hay nada en los archivos de historias clínicas del Chuvi. La sala ve probado que la pareja estuvo hasta julio juntos.

En base a esos datos, la Audiencia confirma la sentencia.

El demandado se negó a someterse al test de ADN, lo que la sala considera «incomprensible»

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Un marinero debe reconocer a una hija que concibió en las fiestas de Coia de 1978