Crece el furtivismo en la ETEA

La falta de vigilancia y el hecho de que la playa no esté sembrada por ninguna cofradía hace que aumente el número de personas que marisquean en A Guía


vigo / la voz

Julio Iglesias ensalza un canto a A Guía después de bajar de su embarcación. «Este sitio es magnífico. Salgo todos los días y algunas veces cojo alguna robaliza o una dorada». Este pescador no es ningún cantante. Pero hay otros que se acercan a la orilla para faenar de una forma irregular.

Las playa de A Punta y la ETEA se llenan de buscavidas con la bajamar, el buen tiempo... y la falta de vigilancia. Ayer las condiciones eran ideales. Julio Iglesias recalca que «la playa siempre fue libre. Ahora multan por mariscar sin carné. Hay que pensar que mucha gente no tiene trabajo, se ha quedado en el paro y se le han acabado las ayudas. No pasa nada porque cojan un kilo de almejas o dos». Este pescador se muestra comprensivo con las personas que procuran su sustento en la arena. Rastrillo en mano escarban para hacerse un arroz en casa o para vender los bivalvos a algún amigo hostelero.

Las dos playas tienen bandera azul a pesar de la proximidad del astillero Metalships, alguno de cuyos barcos a veces deja un pequeño rastro oleoso mientras se encuentra en la grada de reparación. Los golpes contra la chapa de acero son el único ruido que se escucha la playa mientras los bañistas y los mariscadores cuchichean entre ellos.

El fenómeno del furtivismo es más habitual en el verano, pero la prolongación del buen tiempo y la coincidencia de la bajamar con la hora de más calor hace que, a las puertas del otoño, las capturas se mantengan. Las circunstancias son favorables porque en esta playa no suelo haber vigilancia. La Policía Autonómica suele estar más pendiente de la playa de Arealonga en Chapela y de otras calas donde incluso algunos furtivos llegan a pernoctar en tiendas de campaña para ser los más madrugadores a la hora de llevarse el marisco.

Como durante más de 80 años la ETEA estuvo reservada a los militares, su playa «estaba llenas de berberechos y almejas. No hacía falta sembrar», cuenta Daniel Alonso, que se queja de que «aquí ha venido tanta gente a mariscar que ahora no hay nada». Mientras Alonso hace este comentario un mariscador de edad avanzada mueves su rastrillo inútilmente entre las rocas. A pocos metros de allí un marinero le enseña a otra a distinguir los agujeros que dejan las navajas en la arena al rastro que hay que seguir para otras especies.

Enfrentamiento

El presidente de la asociación de vecinos de Teis, Antonio Collazo mira hacia una de las torres de vigilancia que se lanzan en el antiguo recinto militar. «Desde arriba también se controlaba a los mariscadores furtivos. De hecho hace muchos años hubo un enfrentamiento con unos furtivos y uno acabó muerto», rememora Collazo, preocupado por el estado que presenta la torreta desde cuya cima se oteaba la ensenada a los pies del monte de A Guía. Se cae a pedazos. Las chapas corroídas están a merced de los embates del viento que a veces sopla con fuerza en ese punto del litoral. Hace poco se desprendieron unos trozos de metal. Por suerte no golpearon a nadie y eso el paseo es muy frecuentado, no solo por bañistas y pescadores sino por paseantes de toda índole incluidos riders que disfrutan del skate en la pista.

La estructura metálica que permite observar la playa de A Punta ha sido vallada para que nadie tengan al tentación de subir a ella. Junto a la explanada de la ETEA hay otro minarete que servía para controlar la correcta formación de los desfiles. Se encuentra en mejor estado que la otra torre.

«No pasa nada por coger un kilo o dos de almejas», comenta un pescador

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