La cultura encuentra una segunda oportunidad en los rastrillos

Locales de la ciudad dedicados a la venta de libros y discos usados sobreviven en la era digital


Vigo / La Voz

El consumo de cultura está en peligro de extinción. Al menos, del modo en que se entendía hasta hace apenas una década. La irrupción de la era digital ha provocado que la cultura del papel y la música en formato físico hayan ido diluyéndose de forma progresiva. Pese a todo, todavía quedan románticos que se aferran a estos hábitos, que ya forman más parte del pasado.

A la cabeza de este grupo, en época de flaqueza económica, se encuentran los establecimientos de segunda mano. Los rastrillos de toda la vida. Lugares que han logrado sobrevivir a la arrolladora fuerza de Internet o que, en ciertos casos, han nacido precisamente para rebelarse frente a su creciente dominio.

El rincón vigués en el que se podría afirmar que nació el afán por vender cultura de segunda mano es la calle Pino, en el enclave entre Pizarro y Travesía. Allí, fruto de la efervescencia sociocultural de los 80, abrieron dos rastrillos que se mantienen a día de hoy al pie del cañón.

El más antiguo de los dos, aunque por poco margen de diferencia, es El Rastro. Manuel Martínez, su encargado, se define precisamente como «el abuelo de la segunda mano en Vigo». Desde 1981, su tienda ocupa el número 55 de la empinada calle. Pese a que la variedad de artículos que poseen en el establecimiento es inmensa, todavía guardan en su piso superior un pequeño rincón en el que almacenan entre 2.000 y 3.000 libros de todos los géneros.

Manuel admite que su tienda está acusando, especialmente en el ámbito cultural, la incidencia de la era digital. «A través de Internet, muchas veces, la gente vende cosas sin garantía, algo que nosotros no podemos ni queremos hacer», explica. Pese a todo, poco a poco también se van insertando en el mercado online. «Vendemos algunas cosas en Internet, pero solo ciertos productos de los que sabemos que podemos pagar el transporte», indica.

Apenas tres números más abajo de la misma calle se encuentra Mini Rastro, establecimiento que, como curiosidad, abrió también tres años más tarde que su predecesor. Al frente de esta tienda, mucho más especializada en productos culturales, se encuentra Celia Martínez, hija de los propietarios originales.

«Mis padres llegaron a este mundo de rebote, pero nosotros nos implicamos desde el principio», cuenta, antes de añadir que «viendo como ellos luchaban por su negocio y ayudándolos» es como terminó por picarle el «gusanillo de la cultura».

En su planta superior, el Mini Rastro alberga alrededor de 17.000 libros organizados en una gran fila de estanterías que se alterna con cajas de madera llenas de cómics y novelas gráficas. «La responsabilidad de vender objetos que guardan tras de sí grandes historias y vínculos con personas que ya no están impone mucho respeto», reflexiona. Celia, pese a todo, tiene claro que su labor es fundamental en este sentido: «Nosotros damos la oportunidad a los libros de que un nuevo propietario vuelva a darles el valor que merecen».

Sin embargo, al hablar de cantidad, la referencia viguesa en cuanto a libros de segunda mano es Coleccionista’s, una tienda ubicada en la calle Romil, en un remanso de calma entre la transitada Avenida de Camelias y Pi y Margall. En ella, según palabras de su encargado, Alberto González, se encuentran hasta 40.000 títulos diferentes de todas las épocas y géneros. «Somos la librería de usado con más volúmenes de Galicia», zanja.

Su trayectoria en el mundo de la segunda mano comenzó también en los 80, con la apertura de una primera tienda, pero no fue hasta 1999 cuando se asentó en su actual rincón de la calle Romil. «Tratamos de vender artículos que no se encuentren en todos los sitios, títulos que, en muchos casos, pueden llegar a estar descatalogados», explica. Alberto ve su tienda «no como una inversión, sino como un entretenimiento», y asegura estar muy satisfecho con su clientela, «un público culto que sabe lo que busca».

Más allá del mundo del libro, hace dos años y medio que se inauguró La Cueva, una tienda que, como su nombre indica, es todo un refugio para los amantes de la música. Ubicada en la calle Gamboa, en pleno Casco Vello, su actividad se centra de forma prácticamente exclusiva en la venta de vinilos de segunda mano. Su gerente, Roberto Díaz, comenta que montó el establecimiento gracias a su enorme afición por la música. Comenzó vendiendo exclusivamente sus propios discos, pero finalmente el proyecto se afianzó y se mantiene hasta la actualidad.

«La mayor parte de lo que vendo son versiones originales americanas de jazz, blues o soul, que son los géneros que a mí, personalmente, más me gustan», explica el comerciante. De entre todo el catálogo del que dispone, Roberto destaca sus «originales del sello discográfico Blue Notes de los años 40 y 50, además de algún original de los Rolling Stones y de los Beatles».

En todos los casos, la clientela que acude a este tipo de establecimientos destaca por su enorme fidelidad, acudiendo a por su ración de cultura de forma semanal o incluso diaria. El éxito del consumo de segunda mano queda patente en la proliferación de las grandes cadenas. Además de la clásica Cash Converters, últimamente desputa también Nolotires, una franquicia que el verano pasado abrió su local en Vigo. En ella, la práctica totalidad de los artículos culturales se venden a un euro. La fidelidad de la clientela de este tipo de tiendas demuestra que, en la mayoría de los casos, no es la gente la que se aleja de la cultura. Es la cultura la que se aleja de la gente.

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