Vigo sonríe


Vigo tiene fama de ciudad seria y consagrada al trabajo. Basta ver la velocidad a la que circulan los automóviles y los peatones. Aquí, tanto a pie como sobre ruedas, se va a un ritmo frenético, difícil de ver en otras ciudades. Hasta fecha reciente, la gente no paseaba. Iba de un sitio a otro, atareada. Si compitiésemos en los Juegos, los vigueses coparíamos las medallas de marcha olímpica.

Por eso da gusto andar por Príncipe estos días y ver el montaje Vigo Sonríe, del fotógrafo Javier Teniente. Nuestro compatriota se ha pateado el mundo retratando las guerras de Irak y de Kosovo. También, los dramas del huracán Mitch, del maremoto de Indonesia o del terremoto de Haití. Pero su capacidad para conmover documentando el sufrimiento es la misma cuando la utiliza para retratar la alegría. Y lo hace en esta secuencia de 90 fotos en la que vigueses anónimos ríen ante la cámara. La fuerza de las fotos de Teniente queda clara en su elección del blanco y negro. Aunque lo gris se asocia con la tristeza, él consigue transmitir felicidad. Supone todo un subidón recorrer su exposición callejera, de punta a punta.

Vigo sonríe rompe con los estereotipos. Nos sacude la fama de adustos. Y saca a la luz esa ciudad que trabaja y vive deprisa. Pero que también sabe divertirse en Castrelos, en San Blas, en la Reconquista, en O Marisquiño, en A Brincadeira y ante los fuegos de Bouzas. La sonrisa es un gesto único y característico del ser humano. Nuestra fórmula mágica y universal para entendernos. Por eso da gusto ver a Vigo sonreír, incluso en momentos grises. Gracias a un gran fotógrafo y a un puñado de vigueses sin miedo a alegrarnos la vida.

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