El yacimiento de O Cabrón demuestra la convivencia de especies humanas

La excavación realizada en Arbo rompe con la teoría existente desde los años cincuenta


Vigo / La Voz

Cuatro años después de que las excavaciones en el yacimiento de O Cabrón ubicado en el Concello de Arbo finalizasen, el análisis de los restos encontrados sigue ofreciendo resultados reveladores. Eduardo Méndez-Quintas, arqueólogo que dirige la investigación, apunta que «estos restos cuentan con una antigüedad que va de los 150.000 a los 200.000 años», lo que supone que el yacimiento sea «uno de los más antiguos de la comunidad gallega».

Sin embargo, cree que «lo más importante y significativo» es el tipo de herramientas que han encontrado. La investigación demuestra que estos utensilios, propios «del final del período achelense», no se corresponden en antigüedad con la época en la que eran empleados, según la teoría al respecto.

Méndez-Quintas explica que «en otros yacimientos de la Península Ibérica se han encontrado herramientas de la misma época pero fabricadas con una tecnología totalmente distinta, propia de los neandertales», lo que revelaría que «en cierto punto de la historia, achelenses y neandertales convivieron en territorio peninsular».

Este hecho rompe «con toda la teoría existente acerca de las etapas de las diferentes especies humanas», que se encontraba «vigente e inamovible desde los años 50». Méndez-Quintas señala que, «hasta el momento, se creía que las especies habían seguido un proceso evolucionista», afirmándose que «los humanos achelenses fueron avanzando hasta dar paso a los neandertales». Sin embargo, los descubrimientos de O Cabrón demuestran «la existencia de herramientas fabricadas por ambas especies en un período de tiempo simultáneo», lo que significa que, durante ese lapso temporal, «ambas especies coexistieron y no fue una la que evolucionó en la otra».

Este hecho podría explicarse, según Méndez-Quintas, por la procedencia de una y otra especie. «Lo más probable es que los achelenses llegasen desde África y los neandertales procediesen del sur de Asia».

Los restos y herramientas encontrados pertenecerían «al período en el que los achelenses entraban en proceso de extinción», mientras que «los neandertales actuaban como invasores en la zona». Los neandertales ocuparon la Península hasta la aparición de los Homo Sapiens, hace alrededor de 40.000 años.

Con el objetivo de continuar profundizando en esta cuestión, el Centro Nacional de Investigación de la Evolución Humana (CNIEH) de Burgos ha comenzado un nuevo proceso investigador junto a las universidades portuguesas de Lisboa, Oporto y Minho. Este nuevo proyecto se denomina Miño/Minho, y consiste en un análisis comparativo entre los restos que puedan ser encontrados a un lado y otro del río, cuya cuenca es considerada como «una de las áreas más importantes para el conocimiento de la prehistoria antigua peninsular» según Méndez-Quintas.

De forma paralela a este proceso, en palabras del arqueólogo, se «intentarán encontrar herramientas pertenecientes a la época neandertal de ese período, todavía no encontradas en Galicia». Su objetivo es demostrar que ambas especies no solo convivieron en la Península Ibérica, sino que también lo hicieron en la comunidad gallega.

La investigación desvela que la zona era utilizada como un lugar de consumo

Los yacimientos de O Cabrón corresponden, en palabras de Méndez-Quintas, «a una época en la que la sociedad era de cazadores y recolectores nómadas». Los humanos, en aquel momento, se dedicaban «a desplazarse en función del alimento disponible y la estación del año».

Pese a ello, la densidad de herramientas hallada (la mayor en un yacimiento al aire libre de Europa), muestra que el lugar de la excavación era empleado en el paleolítico como lugar de consumo por los achelenses.

Según explica el arqueólogo encargado de la investigación, esta concentración de utensilios es «más habitual en cuevas y lugares cerrados que servían como refugio». Esto significa que «lo más probable es que el yacimiento de O Cabrón fuese utilizado como un lugar de encuentro para el consumo de animales», los cuales no habrían sido cazados allí sino «transportados desde el punto de la caza hasta el yacimiento».

La decisión de elegir este lugar como localidad para el consumo pudo deberse a que «se trata de una zona húmeda que en aquella época debía encontrarse rodeada por completo de vegetación, lo que los protegía de inclemencias meteorológicas».

De este modo, los restos hallados en el yacimiento de O Cabrón podrían «reflejar una tradición de varios siglos» en la que «diversos grupos utilizaron el lugar como un punto en el que encontrarse y refugiarse cada mes o cada dos meses». Un pequeño escondite en el monte de Arbo en el que gestaba la civilización.

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