«El hambre no tiene vacaciones»

Pedro Pereira, presidente del Banco de Alimentos, asegura que se están entregando comida a empresarios arruinados


vigo / la voz

Pedro Pereira dejó un día al auditorio mudo cuando, delante de los directivos de la entidad financiera que le acaban de entregar un premio, formuló en voz alta su mayor deseo: «Ojalá desaparezcan los bancos de una vez». Esperó unos segundos, interminables para los premiantes, antes de apostillar «los bancos de alimentos». Y todos aplaudieron con alivio. Pero el presidente del Banco de Alimentos de Vigo no es muy optimista en ese sentido. Está convencido de que tienen tarea para rato. «Cada día más. No quiero ser negativo, pero no tengo esperanza», afirma.

Hace 20 años que se sumó a la nómina de voluntarios de la entidad que, recuerda, además de no tener ánimo de lucro, es aconfesional y apolítica: «Para nosotros todos los partidos son iguales». Lamenta que ninguno se tome en serio la pobreza ni la educación. Dice que está bien que en campaña electoral visiten mercados y empresas, pero se pregunta por qué no van a pedir el voto a los comedores sociales, los albergues, las asociaciones que proporcionan alimentos a familias sin recursos... «Se llevarían muchas sorpresas».

Después de dos décadas de voluntariado, la última como presidente, nadie en Vigo y su área de influencia puede negar a Pedro Pereira autoridad en materia de pobreza. Y lo que dice es que la recuperación económica que se nos está vendiendo solo afecta a la macroeconomía, «pero a las familias sigue sin llegar. No hace falta que nos lo digan estudios de Unicef, ni de Cáritas, ni de..., nosotros tenemos información directa y comprobamos cada día que no existe tal recuperación», asegura. Pone un ejemplo más que paradigmático: «Estábamos convencidos de que los 300.000 kilos de alimentos que logramos en la gran recogida nos llegarían hasta junio, pero en marzo ya no quedaba nada».

Precisamente hablamos con Pedro Pereira en la puerta principal de Alcampo (Coia), mientras se lleva a cabo una de esas operaciones «kilo» que organizan periódicamente. Esperan recoger unos 12.000 kilos de alimentos, que ante tanta necesidad como afirma que existe, cada vez pasan menos tiempo en las estanterías. Dice que el verano es un momento especialmente complicado, porque cierran los comedores escolares, pero «el hambre no tiene vacaciones». Sostiene que a la Administración le falta sensibilidad. «Todo son exigencias y papeleos». Se pregunta qué pasaría si no existieran entidades como la que preside.

Subraya que nadie está exento de sufrir un revés laboral y verse en una situación que nunca llegó a imaginar. Asegura que en Vigo no son pocos los pobres vergonzantes, esto es, aquellos que en su día lo tuvieron todo y hoy no tienen nada pero no se atreven a acudir a comedores sociales. «Se están entregando alimentos a empresarios arruinados, armadores muy conocidos, familias de rancio abolengo en la ciudad...», dice. En su calidad de psicólogo prepara a algunos voluntarios para que visiten a estas personas y les hagan ver que tienen que aparcar la vergüenza si quieren comer.

Curiosamente, los más solidarios no suelen ser los que más tienen. «En los barrios es donde más alimentos recogemos. En muchos casos han vivido el problema en primera persona y es su forma de dar a otros lo que un día necesitaron ellos».

Un logro no menor ha sido el compromiso de algunas cadenas de supermercados -Carrefour, El Corte Inglés y Alcampo- de entregarles aquellos productos perecederos que antes terminaban en la basura porque la fecha de caducidad estaba muy próxima, como yogures, leche, verduras o pan.

Pedro no sabe cuánto tiempo estará al frente del Banco, pero sí sabe que el voluntariado no lo dejará nunca. Le convierte en testigo de situaciones muy crudas, pero también proporciona muchas satisfacciones. Ha sido muy valiosa su andadura profesional para entender la realidad que le rodea. Profesor en su juventud, aceptó enseguida la oferta de una empresa para vender motores. Montó luego su propia empresa de motores marinos, y más tarde de construcción. Se arruinó, conoció el paro y se levantó. Ahora es un voluntario más entre los 150 del Banco vigués.

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