Román Pereiro, el observador privilegiado

Cumplidos ya los 83 años, el hombre que en su día apostó por las vanguardias artísticas de los 80 en Galicia ultima una exposición sobre su más reciente trabajo fotográfico en un espacio «underground» vigués

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Existe una visión especial de la realidad en los fotógrafos, una manera de captar las cosas más banales haciendo de ellas su fuente de imaginación. Las imágenes parecen surgir sin buscarlas, pero de nuevo hay que recordar que para ello es necesario saber mirar. Los muchos años de convivencia directa con el mundo del arte, los viajes realizados, además de su propia condición intelectual, han hecho de Román Pereiro un observador privilegiado, un fotógrafo con un sentido de la lectura visual precisa y oportuna que encuentra en el rastro cotidiano las secuencias más poéticas, las mismas que dan cuerpo a su último trabajo, Un mundo marcado.

El autor ha captado el misterio que nos arrastra o nos persuade, las señales que nos dirigen o las huellas que el tiempo ha dejado como signo de una existencia pasada. Son los mojones de un camino que él va explorando a medida que se cruza con el trance de lo real: «En el mundo que nos rodea están las claves de todo, hay que saber buscarlas. Delante de nuestros ojos hay un sinfín de equilibradas y bellas imágenes que son como un compendio del arte».

Las imágenes que presentará a principios de junio en una nueva exposición en Vigo reúnen no solo «los instantes precisos», revelan igualmente la posible versatilidad de interpretación de sus historias. Podríamos desgajar una por una cada una de las obras y apreciar otras verdades, otras evidencias solapadas tras las insinuadas por la simple apariencia. Las ruinas de una casa, con únicamente tres tablones azules en pie, las manchas rojas sobre unos árboles o los ligeros y delicados exvotos de cera, nos llevan al pasado, evocan la impasible marcha del destino y avivan el tributo preceptivo de las creencias.

Es la vida de un motivo reflejada a través de los silencios que lo rodean, de las luces que se acomodan en ellos o de los colores que flotan entre brumas, es el testimonio de un mundo marcado por gestos descubiertos por la mirada de un fotógrafo en el ámbito de lo común, en componentes cercanos que reclaman su atención. En la Alberca se sorprendió con un Sagrado Corazón envuelto en un óvalo y el autor entendió que aquella individualidad reflejaba años y años de presencia de un icono religioso omnipresente; en la Cañada Real, en cambio, intuyó en un rebaño de ovejas pasando por delante de un McDonald?s la ironía del azar y el anticipo de un futuro inminente.

Pereiro ha dejado a un lado el concepto plástico de su última exposición, hace ahora seis años, para adentrarse en el concepto del acto puramente fotográfico. Lo hace en un encuentro con la vida, alimentándose de esos elementos que pasan desapercibidos para cualquiera, pero no para los fotógrafos que se fascinan con lo aparentemente nimio y secundario. Cumplidos ya los 83 años, el que en su día apostó por las vanguardias artísticas de los 80 en Galicia, mostrará su más reciente producción en un local underground como El halcón milenario, apostando por democratizar el arte e ir un paso por delante de la oficialidad.

VIGO. El halcón milenario. Desde el 3 de junio

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