La cocinera virtual se traslada al mundo real

La viguesa Carmen Albo, que arrasa en la blogosfera con sus recetas, se estrena con local propio en el centro de Vigo

Carmen Albo ultima la apertura de su tienda de artilugios y decoración para la cocina y mesa en el espacio comunitario VM17.
Carmen Albo ultima la apertura de su tienda de artilugios y decoración para la cocina y mesa en el espacio comunitario VM17.

vigo / la voz

El blog gastronómico Guisándome la vida está situado entre los más influyentes de toda España porque tiene miles de seguidores. Su autora, la viguesa Carmen Albo, ha conseguido colarse en los hogares llevando a los internautas ideas para desarrollar en la cocina acompañadas de relatos e historias que a veces son reales y otras, pura fabulación.

La pasión por la cocina llevó a Carmen a aventurarse en el espacio virtual para compartirla con los demás, aunque su formación académica es ajena a ese mundo. Es licenciada en Derecho y ejerció como abogada, pero por poco tiempo. Tras realizar un máster de márketing, se dedicó a este sector durante muchos años pero para evitar un traslado internacional al que le obligaba su empresa, se buscó la vida para dedicarse a la didáctica. «Con la crisis y el bajón en el volumen de trabajo lo empecé a compaginar con mi afición de toda la vida, que es la cocina», cuenta. Así nació su blog a finales del 2009. Y con él, las redes sociales que lo sustentan. «Aunque lo seguía compaginando con la enseñanza en márketing, me enganchó esta forma de conectarse con la gente de la que han salido proyectos estupendos como encargos para empresas, recetas para marcas del sector alimentario o colaboraciones en medios de comunicación. Ahora, además, llevo con un socio una empresa de estrategias digitales para empresas de alimentación y restaurantes», explica.

Pero hay más. Con dos libros publicados sobre recetas proteicas, Carmen Albo, una mujer activa y enérgica que derrocha optimismo e ímpetu, explica con humor que el divorcio le descubrió «lo caro que es volver a vivir sola». Esa es una de las razones que la ha llevado a apostar por el paso del mundo virtual a abrir otra ventana que da acceso a la vida real: un local en el espacio de coworking VM17 (en Velázquez Moreno, 17), que está a punto de abrir.

«Atarme a una tienda me apetece mucho, pero también me da miedo», confiesa. Por eso ha tratado de hacer algo «diferente, divertido y simpático» en un lugar que cuenta con cocina, una terraza espectacular y que no está a pie de calle, sino en un piso. «Lo que haré ahora es aprovechar para hacer todo lo que estaba haciendo, pero desde aquí», aclara. Además de proponer recetas, Carmen Albo ya organizaba cursos de cocina y ahora lo seguirá haciendo en el local (con ella de profe o de pinche de cocineros invitados), además de organizar charlas y eventos culinarios personalizados. Pero el gancho con el que ha logrado agrupar a un creciente número de adeptos sigue siendo su blog. En él combina el amor a la gastronomía (tanto la tradicional como las propuestas innovadoras) con la pasión por contar historias que no tiene nada que ver con la cocina. «Hablo de sensaciones versionadas por mí. Lo hago porque me gusta escribir y lo mismo puedo escribir un día de la nostalgia, del paso del tiempo o de los muros de las lamentaciones de las redes sociales».

Carmen Albo se curtió en los fogones sin pasar por ninguna escuela, aunque desde niña mostró interés por lo que se cuece en esa zona de las casas. «A los 2 años estaba subida a un taburete ayudando a mi abuela, que se llamaba Romana. Empecé rellenando empanadillas y haciendo otras tareas que eran como juegos. Ella viajaba bastante para su época y siempre me traía algún regalo gastronómico», recuerda.

La bloguera viguesa ha añadido tesoros familiares a su bitácora, como los cuadernos de recetas «escritos a mano por mi abuela, su hermana y mi bisabuela en tiempos donde no había ollas ultrarrápidas ni tantos cachivaches», reflexiona para, a continuación, autoevaluarse en ciertas materias: «Reconozco que soy muy mala repostera porque requiere unas virtudes -como la paciencia o la precisión- de las que yo carezco. Yo improviso mucho y eso para los postres no funciona», ratifica.

«Mi eslogan es que la cocina y la vida tiene que ser facilona y lucida. Mínimo esfuerzo, máximo resultado. Así son también mis cursos de cocina. Y que no falte la alegría como ingrediente principal», concluye.

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