Un aluminio que nos da mucho la lata

En Vigo consumimos cada año 51 millones botes de bebidas

Un operario ante latas de bebidas comprimidas para su reciclaje en una fábrica norteamericana.
Un operario ante latas de bebidas comprimidas para su reciclaje en una fábrica norteamericana.

amigos da terra vigo@tierra.org

La semana pasada hacíamos un puente imaginario entre Vigo y Nueva York utilizando los residuos que generamos anualmente. Si lo recuerdan, tenía cuatro metros de ancho tomando como base las bolsas de plástico y arcenes laterales constituidos por las botellas de agua. El caso es que nos señalaba una amable lectora que dicha infraestructura, por cuestiones de seguridad vial, debería incorporar su correspondiente medianera de separación entre carriles. La observación es pertinente, por lo que hoy hemos decidido darles mucho la lata, literalmente.

Como es habitual, tomamos nuestra ciudad como ejemplo de caso y, de entre todas las fuentes del sector, optamos por la prudencia y calculamos a la baja. En Vigo consumimos cada año 51 millones de latas de bebidas (170 por persona humana y año, y solamente de bebidas). Si cada lata mide 15 centímetros (en realidad es un poquito más), puestas en fila nos dan 7.650 kilómetros. Siendo la distancia Vigo-Nueva York de 5.300 kilómetros, pues ya tenemos la medianera para nuestro puente y nos sobrarían latas para intercalar columnitas decorativas.

La mayoría de nuestras latas, y en un porcentaje cada vez mayor, son de aluminio, que gradualmente sustituye a la hojalata por su mayor ligereza y durabilidad. Diferenciar unas de otras es tan sencillo como acercarles uno de los imanes que tenemos en la nevera: si se pega, hojalata; si no se pega, aluminio. Y es este material uno de lo mayores quebraderos de cabeza ambientales que nos toca, además muy de cerca, porque somos uno de los mayores fabricantes mundiales. El aluminio que fabricamos en Galicia, que se fabrica aquí por la empresa norteamericana Alcoa, así como lo conocemos, no existe en la naturaleza. Es producto de la transformación de un mineral, la bauxita, repartido irregularmente por la tierra y la bauxita que utilizamos procede mayoritariamente de África, concretamente de Guinea. La minería a cielo abierto para extraerla es una brutalidad ambiental, absurda además por tratarse de un recurso no renovable, pero no es menor su impacto social, que si repasamos la situación de Guinea (un 60% de su población en la absoluta pobreza) podemos imaginar, aunque en estos casos desgraciadamente la realidad siempre es peor de lo que imaginamos.

Se necesitan cuatro toneladas de bauxita para conseguir una sola tonelada de aluminio, lo que da una idea del volumen de residuos que genera su producción, pero lo fundamental es el gigantesco consumo energético que supone. Si calculamos el balance energético total, entre energía primaria y secundaria, para conseguir un solo kilo de aluminio se necesitan más de 47 kilovatios. Dicho de otra forma: la energía necesaria para fabricar una sola lata de bebidas equivale a toda la iluminación de su casa durante una semana. Por si fuera poco, al fabricante de aluminio la energía que consume le sale muchísimo más barata que a usted, por aquello del procedimiento habitual en estos casos, que podríamos resumir en «si no me das lo que pido cierro el chiringuito y me voy a otro sitio», y que dejamos a su criterio la palabra para calificarlo.

Esa cantidad de energía, que ya parece mucha, es muchísimo más de lo que parece, y no es un asunto menor que además tiene su historia. Fundamentalmente para el suministro de nuestra fábrica de aluminio se proyectó a finales de los años setenta la construcción de una central nuclear en la mariña lucense. La lucha contra la nuclear de Xove significó la primera gran lucha del entonces incipiente ecologismo gallego. Gracias a aquellos pioneros, hoy no tenemos en Galicia una central nuclear, pero la cosa tuvo algo de victoria pírrica y en su lugar tenemos una de las térmicas más contaminantes de Europa. Un poco como en la película La vida de Brian, elegimos entre lapidación o crucifixión, y entretanto la producción de aluminio es actualmente el principal sumidero del consumo de electricidad de toda Galicia.

Les podemos aportar un dato ilustrativo sobre el impacto de este pozo sin fondo energético: si no fuera por ese sumidero eléctrico, a día de hoy casi toda Galicia podría abastecerse con energías renovables, electrificación ferroviaria incluida. Efectivamente, el aluminio nos está dando mucho la lata. A nosotros, al planeta y a las futuras generaciones.

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