Un túnel de lavado pagará 4.500 euros a 2 octogenarios por ruidos

El fallo judicial obliga a una gasolinera de Canido a indemnizar a los vecinos

la voz

La Sexta Sección de la Audiencia de Pontevedra, con sede en Vigo, ha confirmado parcialmente una sentencia que condena a una gasolinera de Canido a indemnizar con 4.500 euros a un vecino octogenario que no podía dormir a causa de la ansiedad que le generaban los ruidos de la maquinaria de su túnel de lavado. Su esposa, que había sido inicialmente indemnizada con 3.000 euros, pierde dicha cuantía porque la Audiencia considera que ella nunca llegó a probar que padeciese trastornos psicológicos por la molesta maquinaria.

Los hechos se remontan al 2010, cuando Explotación Carburantes Canido SL instaló un tren de lavado automático de coches dentro de un recinto de una estación de servicio de carburantes. La máquina lindaba con la casa del matrimonio. Aunque la gasolinera era anterior a la vivienda, el túnel de lavado se montó después. La firma alegó que el aparato estaba apagado por las noches. Pero aunque la máquina trabajase en horario diurno, superaba los niveles de ruido, según las tres mediciones que efectuó la Policía Local de Vigo en el dormitorio de los afectados en los años 2010, 2011 y 2013. Dieron resultados de 55,6 decibelios, 40,8 y 38,5, superiores al máximo permitido de 35. Aún así, la empresa alegó que había realizado obras para minorar el impacto sonoro pero la Audiencia recalca que las medidas no fueron suficientes.

El juzgado de primera instancia número 9 de Vigo condenó a Explotación Carburantes Canido SL a que cesase en sus actividades molestas y generadoras de ruido si sobrepasaba el límite legal y obligó a pagar 4.500 euros al demandante y 3.000 a su mujer. La empresa apeló a la Audiencia que, finalmente, da la razón al marido y se la quita a su mujer.

La sala recuerda que el matrimonio intentó probar sus padecimientos informes médicos pero, en el caso de la esposa, ella solo aportó datos de unas intervenciones quirúrgicas en el 2012 y 2013 y la implantación de un marcapasos sin hacer alusión a sus padecimientos psicológicos por el ruido. Por este motivo, la sala le da la razón a la empresa de carburantes y la exime de pagarle nada a la señora.

Sin embargo, la gasolinera tendrá que indemnizar al esposo, cuyo médico de familia dictaminó su estado ansioso depresivo, de agobio, nerviosismo, desesperanza y trastornos de sueño, y que el sanitario vinculó con el ruido.

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