Comida a la carta y música por WhatsApp

Un exbancario vigués pone en marcha un restaurante que define como un club de gastrocultura

Carlos Fernández, en su restaurante, junto a Cristina González, encargada del restaurante temático vigués.
Carlos Fernández, en su restaurante, junto a Cristina González, encargada del restaurante temático vigués.

vigo / la voz

Tras 24 años trabajando en la Caixanova, Carlos Fernández decidió dejar la banca y dar un giro radical a su vida profesional. Encaminó su futuro por la senda de lo que siempre ha sido su gran pasión, la música, en un proyecto de hostelería que ofreciese algo nuevo y distinto a lo existente en Vigo. Así nació en el verano del 2015 The Hush Rock, local que, para sorpresa y alegría de su propietario, la web El Viajero Fisgón ha situado de número 4 entre los 8 restaurantes temáticos más divertidos de España.

«Cuando me puse a ello traté de imaginarme qué sería lo que me gustaría tener como cliente. Y lo que yo quería era un espacio que me ofreciera lo máximo, no solo un lugar para tomar una copa, sino también para cenar y, los fines de semana, disfrutar de un concierto mientras cenas», explica. Por eso trató de englobarlo todo bajo un mismo concepto, abriendo de martes a domingo a partir de las seis de la tarde.

Cada viernes o sábado hay actuaciones y los domingos ofrecen de forma gratuita el escenario y el equipo a jóvenes promesas locales. El plan para dar una oportunidad a formaciones noveles arranca hoy mismo con un concierto de Briz Gondo, que hacen Hip-Hop y el domingo, 7 de febrero, The Plugs, un grupo de quinceañeros estudiantes de la ESO que hacen versiones de rock clásico.

Carlos lleva 22 años dirigiendo la revista que se llama igual que el local, The Hush, y llevando el Club de Adictos a Deep Purple. Como seguidor del mítico grupo, posee una gran colección de objetos relacionados con la banda de Ritchie Blackmore, pero su afición es más amplia y se nota en su restaurante, en el que ha querido rendir homenaje a un amplio espectro de músicos. Y lo ha hecho dedicando cada mesa a un estilo, poniendo nombres de artistas destacados en el respaldo de las sillas: Jimmi Hendrix, Patti Smith, Janis Joplin, Eric Clapton... También hay estrellas en las mesas altas como en un pequeño paseo de la fama y objetos donados por instrumentistas vigueses y de otros puntos de Galicia colocados en un rincón tras la barra, como un incipiente museo del rock.

Lo que tiene claro es que no hay mucha gente navegando en solitario frente al móvil. «Se oyen charlas y risas, pero también se puede escuchar música porque nos hemos preocupado de insonorizar bien el local y dotarlo de un buen equipo de forma que el sonido no implique una conversación a gritos», argumenta. «Aquí se escucha de todo: rock, blues, jazz... de todo. También hacemos sesiones temáticas. La última, dedicada a David Bowie», recuerda. En una esquina, Carlos Fernández construyó, en plan nostálgico, una cabina de Dj, que excepto cuando tiene invitados especiales, suele ser él. «Quise recuperar la costumbre de ir al pincha a pedirle una canción, pero al modo moderno. Me lo mandan por WhatsApp», explica el ilusionado hostelero que también quiere hacer de su casa una plataforma para eventos culturales, presentaciones de discos o libros o simplemente para pasarse a leer un rato todas las revistas musicales que todavía se editan en papel. «No quería hacer una imitación de un Hard Rock Café, que nunca me pareció muy auténtico».

La apuesta gastronómica se inclina por una carta variada donde las estrellas son las hamburguesas de ternera gallega, angus o kobe, fajitas mexicanas, ensaladas, tostas y postres como la serradura, que es típico de Portugal. Pero, según explica, no trata de enfocar el repertorio culinario hacia el fast food americano, por eso, además de esa posibilidad «en la que las patatas fritas no son congeladas», advierte, también tienen variedades más enxebres como luras rebozadas, langostinos crocantes, timbal de verduras, tortillas y especialidades caseras.

«El espacio tiene un ambiente muy variado. Vienen padres con hijos pequeños, universitarios y gente que, como yo, roza los 50. Entre la clientela hay muchos músicos, pero no es solo para rockeros», asegura. Y añade que el restaurante, que dispone de terraza cubierta todo el año, se presta a celebraciones. «Tenemos muchas y se puede reservar mesa excepto cuando hay concierto programado», aclara.

The Hush Rock (Dr. Colmeiro Laforet, 4) también es elegido por muchos clientes por su intimidad, ya que está en pleno centro, pero en un discreto y tranquilo rincón a dos pasos de Hernán Cortés donde no se oye el tráfico.

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