Álvarez, que fue la mayor industria cerámica de España, es hoy una inmensa ruina en el corazón de Cabral. La finca, vista desde cualquier alto, tiene hoy el aspecto de las grandes catástrofes. Parece Chernóbil o Hiroshima después de la bomba. Y todo ese horror lo provocaron unos saqueadores disfrazados de empresarios.

Entre los responsables del saqueo no incluyo a los cientos de vigueses que, hace una década, robaron vajillas de las ruinas de GEA como si no hubiese un mañana. Aprovechando el abandono de las instalaciones, la gente entró en los almacenes y se llevó todo lo que pudo cargar.

Las imágenes de aquello recuerdan la serie The Walking Dead. O la película Mad Max. O cualquier escena de algaradas tras un terremoto.

Ese saqueo final sólo fue una anécdota. El verdadero se produjo años antes, cuando una sucesión de falsos empresarios arruinó la empresa con compras especulativas y metiéndose en los bolsillos las ingentes ayudas públicas concedidas.

GEA, que llegó a tener cinco empleados en sus mejores tiempos, se fue irremisiblemente a la quiebra. Lo que demuestra que la corrupción genera víctimas reales. Deja a gente empobrecida, destruye sectores económicos y arruina la vida de las personas. El dinero que roban los corruptos no viene de la nada. Ni son billetes del Monopoly. Es riqueza real que se le arrebata a otros y, a veces, a la sociedad entera. Cuando escuchamos las grabaciones de políticos repartiéndose billetes, lo están haciendo con el dinero de todos. Y dejando cadáveres en el camino.

Vigo, y Galicia entera, perdió con Álvarez una industria potente, que llegó a ser la mayor empleadora, después de Citroën. Tenía el mérito de generar trabajo femenino, ya que ellas eran las contratadas para hacer las decoraciones a mano. Al igual que la industria conservera, la cerámica fue capital aquí para la liberación de la mujer. Miles de gallegas accedieron a una nómina, con toda la importancia que esto tiene, gracias a industrias como estas.

Lo más trágico de la ruina de GEA es que, además, hacía un producto de excelente calidad. Pero se fue a la ruina por una mala gestión, primero, y por sucesivas estafas en los últimos años.

Hoy ya casi nadie recuerda GEA, nacida en 1927 bajo la denominación Manuel Álvarez e Hijos, S.A. (MAHSA) y convertida en una industria en 1941, con la instalación en Cabral de la fábrica de Santa Clara.

Pero esta semana hemos vuelto a hacer memoria. Porque volvió a ser aplazado el juicio contra los últimos administradores de GEA, acusados de administración desleal. La causa de la suspensión de la vista fue la incomparecencia del principal acusado, en paradero desconocido. Y no es extraño. Porque el juicio se pone en marcha 20 años después de los hechos. Lo que nos lleva a preguntarnos qué clase de justicia tenemos en este país. Así es el lamentable episodio final de una auténtica catástrofe.

eduardorolland@hotmail.com

Por Eduardo Rolland crÓNICA

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