Las mujeres entran en la corporación municipal

Margarita Losada y Agustina Álvarez fueron las primeras concejales que accedieron al Concello de Vigo

Agustina Álvarez, en el centro con sombrero, en una reunión de la Asociación de la Prensa.
Agustina Álvarez, en el centro con sombrero, en una reunión de la Asociación de la Prensa.

El 18 de enero de 1927 fue la primera vez en la historia que la corporación municipal de Vigo veía como no una sino dos mujeres se incorporaban a sus filas.

El alcalde accidental Viana convocaba un pleno en la casa consistorial de la plaza de A Constitución para la toma de posesión de los cargos de concejales cuyas credenciales ya habían sido firmadas tres días antes por el gobernador civil de la provincia, Alberto Rodríguez Gómez. Entre tanto señor, los periódicos nombraban en sus crónicas a «las señoritas» Margarita Losada de Pardo y Agustina Álvarez de Rovina. Aquellos nuevos concejales, junto a los que continuaban en la corporación votaron como nuevo alcalde a Mauro Alonso Cuenca.

En el discurso de toma de posesión, el regidor elogió a las dos mujeres por su actitud y sus dotes patrióticas «al aceptar un cargo de sacrificio como es el de concejal, mientras muchos hombres se quedan en casa por carecer de esa virtud». Margarita Losada fue designada integrante de las comisiones de Gobernación e Instrucción Pública, mientras que Agustina Álvarez quedó en la de Instrucción Pública. Las dos concejales también quedarían integradas en la junta de los pabellones sanitarios.

Agustina Álvarez de Rovina había nacido en Ávila, pero residía en Vigo desde 1918, primero desarrollando tareas docentes y, desde 1923 a 1960, trabajando como periodista en Faro. Fue la primera mujer de profesión periodista en Vigo. También fue la primera en ocupar un puesto en la directiva de la Asociación de la Prensa de Vigo. Fue muy sonada la defensa que hizo Agustina Álvarez, en el pleno de la corporación, de la libertad de prensa en septiembre de 1927. Señaló que «por dignidad de la corporación, debía levantarse la censura a la prensa para que pueda enjuiciar libremente la gestión administrativa municipal siempre que esto se haga dentro de la corrección y la verosimilitud». Su alcalde eludió el debate, señalando que no era de su competencia.

Por su parte, Margarita Losada Pardo, maestra de profesión, tuvo una trayectoria pública más fácil de seguir debido a su militancia en asociaciones de carácter religioso. Llegó a presidir Las Margaritas de Vigo, asociación vinculada con la ideología carlista, creada por Margarita Martín A. García-Alesson. Con anterioridad, había pertenecido a la catequesis viguesa y dado clase en la Escuela Nocturna, que mantenía la Iglesia. Como dirigente local de Acción Católica, una asociación laica que participa de las labores de evangelización, bajo la autoridad episcopal, Margarita Losada participó en el congreso de Barcelona, en 1929, donde desarrolló una ponencia sobre la unidad de acción entre cuantas asociaciones integraban Acción Católica de la Mujer.

Margarita Losada también desarrolló una carrera como escritora, tanto de poesía como de novela y ensayo. En marzo de 1929, se crea en Vigo la Editorial Atlántica, con el objetivo de publicar obras de autores locales. Esta editorial trató de adquirir obras ya publicadas anteriormente, entre ellas, la de la nueva concejala. El diario El Compostelano publicó regularmente, durante los primeros años de la década de los treinta, poesías de Losada Pardo.

Margarita Losada y Agustina Álvarez pudieron acceder al cargo de edilas debido al Estatuto Municipal de 1924, promovido por el general Miguel Primo de Rivera. El citado estatuto permitía el voto y la participación política a las mujeres solteras y mayores de veinticinco años, que tenían independencia económica, como era el caso de las dos concejalas viguesas. Los sectores más recalcitrantes de la sociedad española mostraron su machismo sin ningún pudor ante la llegada de las mujeres a la política. «Hasta aquí hemos llegado, señores míos; pero antes del domingo de España salgo, y una vez lejos pueden echarme un galgo, porque yo, en mi morada, no quiero líos. ¡Edilas en la corte! ¡Bravas mejoras! ¡Buena zambra va a armarse bajo mi techo! Pero ¿saben ustedes lo que se han hecho abriendo los escaños a las señoras? Mi mujer, que era humilde cual la amapola, hoy daba grandes voces en la antesala diciendo que decide ser concejala, pues para las enmiendas

se pinta sola. ¡Qué cosas han de verse! ¡Qué desvaríos!», se podía leer en el diario La Libertad.

Ni Margarita Losada Pardo ni Agustina Álvarez y Rovina fueron las primeras mujeres que accedieron al edilato municipal en toda Galicia. Ni siquiera en los municipios pertenecientes a la ría de Vigo. Purificación Pazo Prado era una ferrolana que llegó a Moaña en 1906 para ejercer como maestra. Procedía de Allariz, donde se había estrenado como maestra nacional. El 14 de junio de 1925 accedía al cargo de concejala

del Concello de Moaña, a propuesta del gobernador civil José María Rodríguez Villamil. El poncio cubría de esta forma el fallecimiento de un concejal. Se convertía en la primera gallega en ocupar ese cargo, aunque no lo hizo durante mucho tiempo. En diciembre de ese mismo año, dejaba la corporación para seguir ejerciendo el magisterio en esa población hasta alcanzar el retiro en 1941.

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