40 años defendiendo al obrero vigués

El Colegio de Abogados impondrá a la abogada Teresa Mourín su insignia de oro por una carrera ininterrumpida


vigo / la voz

Teresa Mourín, nacida en Lugo hace 64 años, fue la tercera abogada colegiada en Vigo. Estableció su despacho en la ciudad porque era, junto con Ferrol, donde había más trabajadores, que iba a ser su clientela principal. La letrada llegó recién licenciada con 23 años a Vigo y durante los siguientes 40 años trabajó ininterrumpidamente en el derecho laboral. Por este motivo, el Colegio de Abogados de Vigo le va a imponer su insignia de oro el próximo día 29 junto a otro veterano, el letrado José Iglesias Ares.

Ayer rememoró sus comienzos en un poco de tiempo libre que tuvo en un día bastante ajetreado. Al mediodía acudió a los juzgados a defender a una trabajadora en tribunal de lo social y, después de comer, subió al campus a examinar de la asignatura de procesal a sus alumnos de la carrera de Relacións Laborais en la facultad de Derecho de la Universidade de Vigo.

La profesional recuerda los hitos de su larga carrera en la que le tocó vivir momentos emocionantes como el fin del franquismo, los años de la Transición, la reconversión naval y el cierre de muchas fábricas o la gran crisis del 2008, «que es una crisis donde todos estamos mal». Asesora al sindicato CIG, pertenece a Sociedade e Xustiza y colabora con una oenegé en la India.

En sus tiempos de estudiante coincidió con Antonio Romero, el exjuez decano vigués, como profesor asociado. Recuerda que acabó la carrera a los 23 años y que tuvo su primer trabajo, en los años 70, en un despacho de A Coruña que le pagaba 5.000 pesetas al mes (30 euros), «que tampoco era mucho de aquella». Ella y el titular, Rafael Bárez, fundador de Xustiza e Sociedade, iban a trabajar a Ferrol, donde estaban los astilleros, pero al año siguiente se trasladó a Vigo «porque era el otro sitio donde había trabajadores». Llegó con «muchas ganas y en vaqueros». Fue la tercera mujer colegiada en la ciudad. Entonces, al derecho laboral solo se dedicaban Elvira Landín y el bufete Randulfe. Eligió ser abogada laboralista porque «a mi padre le gustaba mucho la abogacía pero nunca pensé cuando estaba estudiando lo que iba a hacer. Cuando estaba en Santiago me metí en las reivindicaciones y el rollo cultural y me propuse ayudar al movimiento obrero. Cuando llegué aquí fui a una asamblea de CC.OO. y dije que era abogada y que me ponía al servicio de la causa obrera. Así empecé». Entre risas, recuerda que «alguna vez sí que llegué a correr delante de los grises», en referencia a la policía franquista que perseguía a los manifestantes.

En Vigo pronto asumió importantes casos como Hercos Galicia o Reyma, «que eran cien trababajadores y lo llevé yo sola. Cobrabas poco pero gané más en esa época que nunca». Se hizo cargo de las contratas de Ascón y una de Barreras para integrarlas. A los laboralistas se sumaron Teruca Conde, Matías Movilla y Javier Mañón. En 1989 se hizo profesora asociada y en 1994 fue contratada por la CIG como abogada, donde presta servicio en la actualidad en el área de trabajo.

Recuerda su paso por la Asociación Galega da Muller, que califica de «muy importante porque estaban todos los partidos políticos» y su colaboración con CC.OO. De los años 70 y la posterior reconversión naval recuerda su gran conflictividad. «En aquella época el trabajador firmaba los finiquitos en blanco en el que le comunicaban que se acababan las relaciones laborales. Había un ambiente de que todo iba a mejor, hacia la democracia, no había las libertades de hoy pero sí un espíritu y una sensación colectiva de que se iba a mejor», cuenta.

Su primer despacho estuvo en Urzaiz, encima del ocupado por Gándara, el bibliotecario, al que agradece «que me subiese una estufa». «En un juicio, un abogado me llamó niña y ya tuvimos riña y pelea», dice.

Datos personales. Teresa Mourín González nació hace 64 años en Vigo. Casada con el abogado Miguel Gómez.

Datos profesionales. Es letrada de la CIG y profesora asociada de Relacións Laborais en Derecho.

Asociaciones. Xustiza e Sociedade y la oenegé Sanga.

«Colaboro con la escuela Sanga en la India, palabra que significa 'amigo' en su idioma»

Entre sus anécdotas de sus inicios como abogada cuenta que cuando un trabajador llegaba a su despacho primero se dirigía a su marido Miguel Gómez, porque era el más fornido, después a otro letrado llamado Facal y, finalmente, a ella. Sus compañeros le apodaron con un mote jocoso porque, a sus 24 años, actuaba como una abogada luchadora que había desterrado las togas e iba con un grupo en vaqueros «y nos peleábamos mucho con los contrarios». Muchos laboralistas se hicieron jueces y «somos una especie en extinción». Ya está cerca de la jubilación. Cotizó 41 años la mínima y le quedan 400 euros de pensión de la mutualidad. «En casa del herrero, cuchillo de palo», bromea.

«Estoy de arriba para abajo todo el día», dice. Está en tiempo parcial en varios empleos y al despacho «vas cuando puedes». Aún así, su época más atareada fue durante la reconversión naval. Ahora un laboralista no podría vivir con su despacho porque «casi todo se canaliza por los sindicatos, si te fijas en el listín de los juicios». «Era una época de crisis para el trabajador pero no para los abogados, ahora es una crisis total para todos. Ha cambiado mucho, ahora los pleitos son complicados y con poca cuantía. Antes los empresarios no les gustaba venir al juzgado porque era un deshonor pero ahora vienen y dicen que el trabajador ya cobrará del fondo de garantía salarial», dice. A los sindicatos les pide «mayor unidad de acción, que se den cuenta de que todos son trabajadores».

Colabora con la oenegé Escuela Sanga, dirigida por Neneta Herrero, empleada bancaria, y que se mantiene con las cuotas de los socios y que funciona en Odisha, en el golfo de Bengala en la India. «He ido varias veces, la última en el 2014, y me he sacado fotos con los niños», dice. Sanga significa «amigo» en su idioma.

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