Buscando al caballito de mar

Que se proponga el entorno de Toralla como zona de reserva para garantizar su conservación es una noticia maravillosa


Amigos da terra vigo@tierra.org

Vivimos en una ciudad que, además de fermosa, es paradójica con su fauna. La llenamos de homenajes vegetales a especies extinguidas hace millones de años mientras nos preocupa poco proteger a las que actualmente tenemos en peligro de extinción. Por eso es una feliz noticia saber que nos vamos a poner en serio por la labor de conservar a una de nuestras especies más amenazadas y desconocidas.

El nombre de Hippocampus Guttulatus suena muy tremendo, comparado con el más amable de caballito de mar. Viendo su pinta, cuesta considerarlo un pez, y viendo su tamaño cuesta considerarlo un caballo. En el fondo es ambas cosas, aunque la segunda más relativa y tiene que ver con su cabeza equina única en su entorno pues ningún pez tiene esa facultad de nadar erguido con su rostro en ángulo recto.

La vida de nuestros amigos es apasionante. Además de estar diseñados al revés, con parte de su esqueleto por fuera, se dedican a enroscar su cola en las algas esperando que el zooplacton pase cerca de su trompa para chuparlo cual ventosa con su hocico. Su estómago tiene una eficiencia regular, por lo que necesitan estar comiendo de forma casi permanente, cosa que en nuestra ría les preocupa poco, o preocupaba, pues nuestras aguas eran abundantes en nutrientes. Y así, con desplazamientos cortos y agarrados a las algas, se buscan, se conocen, se gustan y se aparean de forma envidiablemente larga e intensa enroscando él y ella sus colas mientras se ponen por la faena.

Llegados a este punto crucial de la biología, sería pertinente hacer una breve extrapolación para señalar que mucho tendríamos que aprender, los hombres, sobre la paternidad responsable de nuestros amigos. Inmediatamente terminada la coyunda, la hembra deposita los huevos fecundados en el interior del macho, que será quien lleve adelante la gestación durante un par de meses. Luego el parto y el cuidado de los entre diez y cuatrocientos nuevos caballitos que si todo va bien saldrán a conocer la ría.

Es una especie en peligro de extinción, protegida a nivel estatal e incluida en la lista CITES que regula su comercio internacional y en la lista OSPAR para la conservación de la biodiversidad marina en el atlántico, porque su comercio para tenerlos de adorno en acuarios es una de sus amenazas. En Vigo se consiguió reproducirlos con éxito en cautividad, para entre otras cosas suministrarlos a acuarios. Es un proceso éticamente cuestionable, pero mejor eso que la captura de ejemplares silvestres. En esto Vigozoo da ejemplo, concretamente mal ejemplo, como acostumbra.

Lamentablemente, no es su principal amenaza. Además de la contaminación marina, le afecta fundamentalmente la destrucción de sus hábitats. Viven asociados a las algas en general y específicamente a las praderas de zostera marina, una interesante medio hierba medio alga que forma, o formaba, enormes praderas submarinas. Estas extensiones fueron durante muchos años consideradas como malas hierbas a erradicar para que no molestasen la extracción de bivalvos en las rías.

Su destrucción, además de llevarse por delante a los caballitos, se tradujo en una pérdida de los nutrientes esenciales para el desarrollo de los bivalvos. Que se proponga el entorno de Toralla, uno de sus últimos refugios, como zona de reserva pesquera para garantizar su conservación es una maravillosa noticia. Que sean las cofradías de pescadores quienes lideren la iniciativa es todavía mejor.

Es algo tan bonito que en menos de 24 horas el alcalde se sumó a la iniciativa, faltaría más. El caso es que en estas cosas tan bonitas sumarse no es suficiente y el regidor no pudo evitar aprovechar la coyuntura para ponerse la medalla. Se autofelicitaba Caballero adjudicando la paternidad de la idea al departamento de medio ambiente del Concello pero en realidad poco tiene que ver el Concello, hasta ahora, con la conservación del caballito de mar. Más bien al contrario su presencia en Vigozoo tenía como objetivo su simple exhibición en una pecera.

En una de sus rarísimas declaraciones hace un par de años así lo decía Chus Lago que, posiblemente, vio la película de Buscando a Nemo pero la entendió al revés: «Queremos poner a disposición del público una serie de investigaciones de fauna marina para que los niños vayan comprendiendo cómo es la naturaleza. No se respeta lo que no se conoce» y añadía «Quizás los caballitos de mar sean una de las imágenes más bonitas que se pueden ver en un acuario».

Pues eso, que lo importante, precisamente, es verlos en su hábitat, y no en un acuario. Por lo tanto cualquier esfuerzo para conservar los caballitos aislados de su contexto natural será estéril. Debemos proteger las praderas marinas, como ecosistema vital para la sostenibilidad de las rías. Todo lo demás, caballitos de mar incluidos, se conservará por añadidura.

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