El prófugo más famoso de la cárcel de Vigo ataca de nuevo

Plácido Martínez protagonizó tres fugas del edificio que hoy acoge el Marco, pero regresó porque tenía «morriña»

Planos y alzados del Palacio de Justicia donde hoy está el Marco.
Planos y alzados del Palacio de Justicia donde hoy está el Marco.

vigo / la voz

«El que se ha escapado tres veces de una cárcel no es imposible que se escape una cuarta», dijo el fiscal Escalada aquella mañana del 28 de noviembre de 1892, en el Palacio de Justicia de Vigo, mismo lugar de donde se había fugado tres veces el reo que entonces se juzgaba. Plácido Martínez era acusado de haber asaltado al cura de San Miguel de Oia la noche del 13 de enero de 1891.

Tenía 22 años y una gran corpulencia física. Mientras que La Gaceta de Galicia decía que era natural de Noia, otro periódico ubicaba su domicilio paterno en San Xoán do Monte. Su juicio duró cinco horas y, a su término, el jurado popular formado por doce vigueses condenó a Plácido a diez años de presidio mayor, a los que habría que sumar otra condena de catorce años por robo y resistencia a la Guardia Civil.

Hasta aquel momento este joven vigués ocupó muchas páginas de los periódicos debido a sus fugas de la cárcel de Vigo, que llevaba pocos años abierta. Podría ser el primer fugado de este centro, aunque no hay ninguna duda de que fue el que más fugas acumuló en sus primeros años de funcionamiento. Su primera visita al edificio diseñado por el arquitecto Juan Ancell se produjo en julio de 1890, acusado de haber desvalijado a los párrocos de Coruxo y Oia. No pasó mucho tiempo entre rejas porque el 31 de agosto de ese año se fugó junto a otros presos. Fue una huida corta. A los pocos días, fue descubierto por la policía en una «casa de lenocinio» de la calle del Desengaño, vestido de mujer. «La vida de la penitenciaría se le hizo odiosa», escribía un periodista. «Dispuesta para la resistencia, alto, delgado, pero de férrea musculatura, osado como pocos, arrojado hasta la temeridad, fue la pesadilla constante de sus celadores», afirmaba el periodista, que no dudaba en atribuirle la categoría de héroe y de leyenda popular.

Atraco al cura de Oia

Volvió a intentarlo en enero de 1891, acompañado de otros cuatro prisioneros. Según recogía en El Heraldo de Madrid del 15 de enero, la fuga se había producido tres días antes, tras practicar «un agujero en la pared que da al camino de Rande». Sus compañeros de fuga fueron Pedro Collazo, especialista en el asalto a iglesias; José Barrabía, desertor de la Armada y estafador; Francisco do Campo Milicas, acusado de robar en el Café Colón; y Lorenzo Barcia, acusado de robar al ex alcalde López de Neira.

Los cinco prófugos se dirigieron hacia San Miguel de Oia donde por la noche asaltaron la casa del cura. Después de amenazar a la criada y de «cenar opíparamente», los ladrones se dispersaron con un botín compuesto por pendientes de oro, seis pañuelos de seda, seis mantones, un revólver, una escopeta, una capa, un reloj de plata, varias prendas femeninas y «treinta y tantos duros».

El capitán Blázquez, de la Guardia Civil, organizó la búsqueda tras recibir el aviso del cura de Oia y, a las cuatro y media de la mañana, localizaba a Milicas, envuelto en la capa robada, en la carretera de Vincios. A día siguiente, localizan a Lorenzo Barcia, quien salía de una taberna de la zona. Los otros tres evadidos se dirigieron hacia Pontevedra. Iban andando por la carretera, a la altura de Figueirido, cuando se encontraron con la Guardia Civil. Salieron apresuradamente de la carretera, sin poder evitar que los guardias sospechasen por su repentina desaparición. Se refugiaron en una casa mientras que la pareja recibía refuerzos. Uno de los prisioneros atacó, revólver en mano, a los guardias pero fue desarmado, al igual que el resto de la partida. Fueron devueltos a la cárcel de Vigo.

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