Derribando los mitos de la lucha

A los niños que se inician en este deporte les basta una clase para comprobar que no es como lo pintan, de eso se encarga la entrenadora de los alumnos más pequeños de este club vigués

Álvarez Mera y su marido, Eladio Bello, son las cabezas visibles de este club. con sede en Teis.
Álvarez Mera y su marido, Eladio Bello, son las cabezas visibles de este club. con sede en Teis.

vigo / la voz

La entrenadora del club de lucha San Ignacio de Vigo, Ángeles Álvarez Mera, describe su deporte de una manera muy sencilla: «Les digo a los niños que igual que ellos se pelean continuamente con sus hermanos en la playa o en el salón, lo que yo les voy a enseñar es cómo hacerlo sin que nadie se lastime, porque aquí haciendo daño a los demás no se gana, se pierde». Así se lo explica en sus visitas didácticas a los colegios, una de las vías más recurrentes para acercar a los más pequeños a un deporte del que se suele tener una idea muy distanciada de la realidad.

«Dices ?lucha? y se piensa en lago agresivo. Se tiene mejor concepto del taekuondo o el yudo, que a mí me encantan y son deportes muy vistosos, pero en los que realidad hay más golpes y se producen más lesiones». En su disciplina, reivindica, los combates, basados en el «agarre y derribo», se desarrollan de una manera «muy natural», algo que tanto niños como progenitores comprueban en cuanto asisten a una clase. «A veces lo complicado es llegar a ese punto, porque son los padres los que ponen el freno» debido a esa idea equivocada de lo que es la lucha.

Álvarez Mera destaca que sus alumnos -la escuela ronda el medio centenar y ella se encarga principalmente de los más pequeños- viven la lucha «unos con pasión, otros como manera de despejarse o como escapatoria y otros incluso como método de defensa». Con lo que más disfrutan, señala, es con las «las técnicas que les hacen volar y resultan muy llamativas». Lo más complicado es la dureza del deporte. «Les pregunto cuántos juegan al fútbol y cuánto dura un partido. Al comparar los 90 con los tiempos de tres minutos y un descanso de 30 segundos de la lucha dicen ?¡buah, está chupado!?». Pese a que en la práctica comprueban que la intensidad y la fuerza del otro pasan factura enseguida cuando intentas derribar al contrario, se enganchan enseguida.

Uno de los problemas que afrontan los entrenadores de esta modalidad es la prisa que suelen tener los novatos por aprender. «A veces los de quince vienen como gallos de pelea, queriendo músculos y que les enseñes mil cosas de golpe. Hay que tranquilizarles», indica. Es clave ir paso a paso, también con los más pequeños. «Al principio son muy torpes. Los tenemos desde cuatro años, pero ahí en realidad les enseñamos ejercicios de psicomotricidad que no son para este deporte exclusivamente, como saltos, volteretas, coordinación de piernas...», enumera.

A partir de los seis ya se comienza con cuestiones más específicas. «Empieza el contacto, la pelota, se les pone un trapo en la espalda a modo de rabo para que se defiendan y el otro no se lo quite... Se van introduciendo juegos ya más relacionados con la lucha». A esas edades, incide la experta, los resultados son secundarios. «Tengo un niño que empezó conmigo a los cinco años. Al perder lloraba y ahora, con 15, no le gana nadie. Le pregunto ?¿quién llora ahora??. Y responde que los demás. Cuestión de tiempo y de humildad».

Otras cualidades importantes son «la fuerza, el tesón y el querer aprender». El aspecto físico nunca se puede perder de vista -«si quieres competir en la categoría de 63, no puedes pesar 63,3»-. «El físico ayuda mucho, pero yo creo que el empeño y la constancia del que trabaja y se esfuerza cada día aunque a priori no tenga tantas cualidades hace más», analiza. Y asegura que el estar «gordo o delgado o con más o menos músculo» no tiene por qué resultar determinante.

La única entrenadora en Galicia

Álvarez Mera es actualmente la única mujer entrenadora de un club de lucha en Galicia. «No sé si es por eso, pero tengo una manera de enseñar diferente. Les digo: ?Ganéis o perdáis, sonreíd, saludad y sed felices?. Y al acabar de competir siempre tiene que ser una fiesta». Los resultados los valora en su justa medida. «El objetivo es vencer porque en función de eso y de las licencias vienen las subvenciones... Me encanta que ganen, pero más allá de eso hay que valorar cómo fue: si por chepado, por superioridad técnica...».

En cuanto a las alumnas, asegura que ahora la lucha está en auge para las chicas y el sexo no tiene incidencia para atraer a la gente a este deporte. «A los padres les da algo más de miedo con ellas, pero los mitos son los mismos. Muchos preguntan si lo que hacemos es como la lucha americana que ven en la tele. Respondo que eso es teatro y lo nuestro un deporte». El que ella practica desde los 16 años y al que San Ignacio se dedica en Vigo desde hace 35.

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