Año 313 tras la batalla

Rande dejó en la ría de Vigo en octubre de 1702 historia y leyenda que perduran más de tres siglos después

Óleo que recrea la batalla de Rande en una de las ediciones del libro «20.000 leguas de viaje submarino»
Óleo que recrea la batalla de Rande en una de las ediciones del libro «20.000 leguas de viaje submarino»

E l pasado viernes, se registró el 313 aniversario de la batalla de Rande. Y, como hay que pensar por fin en clave de área metropolitana, podemos felicitarnos porque hubo celebración. Se organizó en Redondela, en el museo Meirande, el fin de semana, incluyendo una recreación histórica.

Tal día como hoy de 1702, el 25 de octubre, los municipios de la ría de Vigo despertaban aterrados después de que se extinguiese el incendio de los galeones. Así retrata la jornada el historiador tudense Francisco Ávila y La Cueva: «Al día siguiente de concluida la sangrienta batalla, eso es, el 25 de octubre, hicieron los enemigos bajar al mar numerosos buzos con poco efecto, porque el artillería de Vigo a donde alcanzaba lo impedía». Ingleses y holandeses festejan su éxito, «llenando de flámulas y gallardetes los barcos, cantaban con flautas y flautines la victoria», hasta que, a partir del día 30 de octubre, comenzaron a poner proa a las Cíes para regresar a sus puertos.

Dejaban «llena de tristeza y horror esta tierra», según Ávila y La Cueva: «porque, además de la pérdida recibida, hicieron gran estrago y quemas en las casas, templos e imágenes y cometieron otras profanaciones y males». Sin embargo, en cuanto la escuadra combinada de Rooke y Ormonde abandonó la ría, «inmediatamente los españoles buscaron en el mar y se recobró lo que aún no había corrompido el agua».

El infierno en la ría se había registrado en las vísperas de este día. El 22 de octubre entraba por la boca sur de la ría de Vigo la armada enemiga: un total de 160 velas y una fuerza de desembarco de 14.000 hombres. Tras su fracaso en Cádiz, el almirante inglés Rooke esperaba una gran victoria y un formidable tesoro. Al final, solo conseguirá el primero de sus objetivos.

De madrugada, marinos ingleses, en chalupas, intentaron cortar la cadena tendida en el estrecho de Rande, pero fueron repelidos. Al amanecer del día 23, tras retirarse la bruma, los aliados destacaron frente a Teis a sus buques de porte medio, más maniobrables, que comenzaron a cañonear los fuertes de Rande y Corbeiro. Además, el Duque de Ormond desembarcó con 4.000 infantes, que en poco más de una hora arrasaron a los defensores: Las milicias huyeron y se tomaron prisioneros. Los fuertes, una vez en manos del enemigo, comenzaron a disparar contra la propia flota franco-española.

A las dos de la tarde, aprovechando una fuerte ráfaga de viento, el Torbay, del capitán Hopsonn, rompió la cadena. Tras él, entraron el Kent, el Mountmouth, el Grafton, el Phoenix? y comenzó un intenso combate, a cañonazos sin posibilidad de maniobrar, en el fondo de la ría.

Es entonces cuando Chateau-Renault ordenó quemar las naves. Todos los barcos fueron apresados, hundidos o incendiados. Durante horas, el mar en llamas era la estampa del fin de la batalla.

Algunas crónicas de la época, como la de un religioso de Redondela, narran que en la madrugada del 23 al 24 de octubre la luz que generaba la ría de Vigo en llamas permitía «leer un libro como si fuese de día».

En los días que siguieron a la batalla, las tropas enemigas desembarcaron en varias ocasiones para atacar las poblaciones de la ría, con la excepción de Vigo y Bouzas, donde se habían concentrado las tropas al abrigo de las murallas. Se temía que, de tomar Vigo, Inglaterra y Holanda creasen una cabeza de puente en la plaza e hiciesen suya la ría como base para continuar la guerra.

Al acoso de los enemigos, se sumaron los saqueos. En Redondela, tras huir la población a refugiarse en los montes, algunos paisanos entraron en la población y robaron en las casas. Ingleses y holandeses llegaron a desenterrar tumbas en los cementerios, por si hubiesen servido para esconder tesoros de la flota.

A finales del mes, largaron las velas los enemigos y regresaron a sus puertos, dejando a la ría de Vigo en la miseria. Sucedió hace 313 años.

Tal día como hoy de 1702 los municipios de la ría despertaban aterrados

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