Silencio de corderos

Diego Pérez Fernández
Diego Pérez CONTRAPUNTO

VIGO CIUDAD

24 oct 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay algo que llama poderosamente la atención respecto a la sentencia de las escandalosas indemnizaciones millonarias en Novacaixagalicia. Aunque el fallo en sí mismo tiene su miga (¿cómo es posible que, por la apropiación indebida de 14,5 millones de euros, estos señores solo tengan que devolver el dinero y pagar una multa de 75.000 euros, pues su entrada en la cárcel es altamente improbable?), es realmente significativo el pecado del silencio en el que han incurrido muchos de repente.

Es un silencio que dice mucho. De lo más incómodo. Se trata del silencio propio de la mala conciencia. Cómplice. Del que calla porque prefiere no enfrentarse a su propio pasado. Solo así se explica que las personas que están al frente de las principales instituciones y organizaciones sociales de Vigo no hayan dicho esta boca es mía cuando se les pide que valoren la sentencia. Atenazados por un miedo parecido al pudiera sentir todavía un antiguo empleado de la caja, ni siquiera se han atrevido a salir del paso mostrando su respeto por la Justicia. Tan solo algún empresario sin riesgo a perder el crédito ha defendido públicamente al condenado Julio Fernández Gayoso, el hombre que durante 47 años mandó y ordenó en Caixavigo primero, Caixanova después y Novacaixagalicia por último.

De no haber sido por la condena social que se produjo en su momento, al saberse que el financiero y sus más estrechos colaboradores habían colocado preferentes hasta a ancianos analfabetos, es probable que muchos de los que ahora callan hubiesen dado un paso al frente para lamentar lo ocurrido. Seguro que, sin ese otro escándalo de por medio, no tendrían tanta vergüenza en defender al prohombre que financió la Universidad, prestó a empresas y nos llenó de cultura. Como si el dinero fuese suyo y no el ahorro de todos.

diego.perez@lavoz.es