Leonarda Madera (102 años):
«No hemos pasado grandes calamidades. Tuvimos bastante suerte, la verdad»

Abuela, hija y nieta se miran entre ellas con admiración.
Abuela, hija y nieta se miran entre ellas con admiración.

L a abuela Nena, conocida así en el barrio de San Roque, lleva en Vigo desde el año 1942. En ese momento los talleres Feduchi decidieron trasladar a su afamado marido Juan Salmerón, ebanista de profesión y encargado en la empresa, a la Escuela Naval de Marín. Mientras su pareja construía la puerta giratoria de la escuela, Leonarda cosía las cortinas y colchas de las literas.

Luchadora, siempre en pie de guerra, se ha mantenido activa hasta febrero de este año. «Estuvo perfecta, perfecta, hasta los 98 años», matiza su nieta Marisé. Ahora, a sus 102, recuerda los tiempos en los que la guerra civil le trastocó el transcurso de la vida. «Un hombre pudiente empleó a mi marido en el gobierno de izquierdas para que hiciese barracones. De Madrid nos trasladamos a Valencia y de ahí, a Barcelona. En ese trayecto, el camión en el que viajábamos junto a tres familias más fue bombardeado. Los chóferes gritaban: ?¡Tiraos al suelo, tiraos al suelo!? Por fortuna nadie murió. Después nos fuimos a un campo de concentración en Francia, donde vivimos hasta que nos metieron en casas vacías. A los niños, los franceses los metieron en el colegio. Les veía pasar por la mañana en fila y lloraba. Mi marido no quería volver a España, pero finalmente volvimos y nos separaron. A Juan le llevaron a San Sebastián y a mí, junto a los dos hijos que tenía en aquel entonces, me enviaron a Salamanca. El día de San Juan soltaron a mi marido y viajamos en el suelo del vagón del maquinista hasta Madrid con el pequeñito, que se me murió con 8 años, y con Pepita», relata Nena.

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Leonarda Madera (102 años):
«No hemos pasado grandes calamidades. Tuvimos bastante suerte, la verdad»