«Vigo es un cañón»

César Jiménez asegura que un vigués que se precie es hipercrítico. «Es una especie de deporte local»


vigo / la voz

César Jiménez siente una particular querencia por el Náutico. «Al margen de la belleza arquitectónica que pueda tener, es que me crié aquí. Nadaba en el equipo del club y venía a diario», explica este arquitecto de vocación que no piensa jubilarse nunca -«Niemeyer trabajó hasta los 106 años», ironiza- y que seguro que guarda a buen recaudo su copa de campeón gallego de natación. «Sigo nadando, pero me he vuelto vago y voy a la piscina que tengo más cerca de casa».

Desde el minuto uno de la conversación la periodista descubre que César Jiménez no es un arquitecto con gustos al uso. Ni con opiniones al uso. Sostiene que el feísmo no existe y que en cuestión de gustos no hay nada escrito. «Dije hace años que me encantaba la Travesía de Vigo. Oh, anatema. Y me sigue gustando. No se puede juzgar la historia fuera de contexto», sostiene.

Niega que Vigo sea una ciudad que ha crecido a machete. «Lo que pasa es que es nueva. Todas surgen atropelladamente, bien sea alrededor de un puerto, de una calle o de un cruce de caminos. Luego están condicionadas por su orografía». Subraya que 60 años para una urbe son un suspiro, que requieren tiempo, cosa que Vigo no ha tenido porque es muy joven. «En realidad, Vigo es un cañón, llena de energía y, como consecuencia conflictiva, gruñona, con líos..., normal», señala.

Y una peculiaridad añadida, dice, y es que al no haber sido capital de provincia, salvo en un plazo de tiempo muy pequeño, funciona un poco al margen del Estado.

Defiende que los vigueses han hecho mucho partiendo de muy poco porque, salvo excepciones, son trabajadores y muy emprendedores. Eso sí, también muy críticos. «Te vas al otro lado del mundo y de repente escuchas a unos señores que están poniendo de vuelta y media a su ciudad; no lo dudes, son de Vigo. Un vigués que se precie es hipercrítico. Es una especie de deporte local».

César Jiménez asegura que no hay motivos para ello. Al contrario, hay mucho de lo que presumir. «Entre otras cosas tenemos el único ensanche del mundo que yo conozca en piedra. Cualquier experto que llega queda asombrado. Algún día llegará a valorarse», dice.

Para que a César Jiménez le salga esa vena crítica que tiene todo vigués, aunque como él haya nacido en Madrid, no hay más que mentarle el Plan General de Urbanismo. Fue esa fea con la que le tocó bailar a principios de la década de los 2000, durante su etapa como presidente del Colegio de Arquitectos y no tiene precisamente buen recuerdo.

El documento vería finalmente la luz en el 2008, pero explica que es como si no lo hubiera hecho, porque sigue aparcado en el Tribunal Superior de Xustiza. «Es un plan lamentable, muy farragoso. Le sobra casi todo. Un documento que para explicar la medición de una altura necesita tres páginas solo puede acabar mal».

Tampoco las humanizaciones son santo de su especial devoción. «Hay cosas más interesantes que hacer que cambiar el pavimento del centro que ya estaba bien», señala.

Invita a los políticos a fijarse cómo lo resuelven ciudades como París o Nueva York, donde las aceras son una pieza de granito y el resto alquitrán. «Hay partes del mundo que ya han pulido ciertas cosas y por ahí no se van ni un euro de más», dice.

Concluye que la asignatura pendiente de Vigo es que la dejen hacer, que se aligere normativa, porque lo peor que puede pasar es que alguien diseñe y construya una birria de edificio, y si eso ocurre enseguida se encarga la historia de tirarlo y poner otro en su lugar».

César Jiménez

Arquitecto

El entorno del Náutico

Porque además de ser uno de los entornos más hermosos de la ciudad, durante muchos años vine al club a nadar a diario

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