Lope de Vega en Vigo

¿Pudo el Fénix de los Ingenios recalar en la ciudad con los restos de la Armada Invencible en 1588?

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Vigo

A finales de agosto de 1588, desembarcaba de un galeón de guerra quien llegaría a ser el Fénix de los Ingenios, el dramaturgo más prolífico del Siglo de Oro, autor de cientos de comedias y renovador del teatro barroco. En esa fecha, ya era un escritor con cierta fama literaria en Madrid, aunque sus grandes obras aún estaban por escribir. Pero, sobre todo, era un joven impulsivo y aventurero con muchos problemas personales por resolver.

Félix Lope de Vega y Carpio llegaba tras sobrevivir al fracaso de la Felicísima Armada, hoy conocida con el irónico nombre de la Armada Invencible. Lo que se desconoce es el puerto donde tocó tierra firme tras su dramática aventura. Pudo haber sido A Coruña, donde llegaron los restos de buena parte de la flota. Pero también Vigo, donde José de Santiago y Gómez, en su obra Historia de Vigo y su comarca, afirma que llegaron varios galeones: «A Vigo arribaron varios navíos conduciendo, entre otras tropas, al valiente Tercio de infantería de Córdoba, que los guarnecía, y que con tanto brío como desgracia combatiera en la batalla de Portland el 6 de agosto de 1588, donde perdió la flor de sus soldados, consiguiendo, por último llegar en cuadro al puerto de Vigo a fines de agosto del mismo año, siendo alojados en la villa».

¿Era Lope de Vega uno de aquellos soldados que regresaban de la flota del rey Felipe? Recogemos el guante que nos lanza Xosé María Álvarez Blázquez desde su obra La ciudad y los días: «La villa, como siempre, acudió al auxilio de los soldados y marineros. ¿Vendría entre aquellos el Fénix de los Ingenios, Lope de Vega y Carpio, ganador de glorias militares en la famosa Armada?»

Aquí es donde empiezan las dudas. Pudo ser. O no. Porque nadie ha encontrado jamás ningún documento concluyente al respecto. Aunque es seguro que Lope presumió siempre, con abundantes menciones en su propia obra, de sus aventuras en la Armada. La peripecia militar fue, en realidad, su segundo gran intento de ganarse un brillante porvenir. El primero, el de iniciar carrera eclesiástica, había fracasado por completo. Y aún era muy joven para entender que la posteridad lo admiraría por aquello que hacía de forma natural, parecía que casi sin esfuerzo: escribir.

En efecto, Lope era de una humilde familia de Cantabria. Pero fue un niño brillante, que ya leía latín y castellano a los 5 años. A los 6, ya escribía versos. Y, con 12, era alumno del Colegio Imperial y discípulo de Vicente Espinel, el creador de aquella métrica llamada Décima o Espinela.

Con 15 años, entra en la Universidad de Alcalá de Henares y parece destinado a hacer carrera en la Iglesia. Pero su gran afición era la juerga. A su vida desordenada, sumaba incontables relaciones amorosas. Así que es expulsado, abandona los estudios y se emplea como secretario de aristócratas. Sus escándalos lo obligan a desaparecer un tiempo y se enrola en la marina para luchar en la batalla de la Isla Terceira, a las órdenes de su futuro amigo Álvaro de Bazán.

A su regreso, se enamora de Elena Osorio y siguen los líos. Porque está casada con un conocido actor de la época. Cuando la chica le abandona por un noble, Lope escribe unos versos satíricos fustigándola a ella y a toda su familia. El resultado es una condena de cárcel por difamación.

Al salir de prisión, vuelve contra la Osorio y su familia: «Una dama se vende a quien la quiera./ En almoneda está. ¿Quieren compralla?/ Su padre es quien la vende, que aunque calla, /su madre la sirvió de pregonera.» Denunciado por segunda vez, es obligado al destierro, fuera de Madrid.

Antes de abandonar la capital se ha enamorado de Isabel de Urbina, hija nada menos que del pintor de cámara, Diego de Urbina. Como tiene que salir a vivir fuera de Madrid, rapta a la joven, con el consentimiento de esta y el escándalo de la familia.

Se dice que el alistamiento de Lope en la Armada Invencible fue la condición de su ultrajado suegro para perdonarle la afrenta. Lo cierto es que Lope hace el petate y se va a Lisboa, desde donde zarpará la flota. Según contaría él más tarde, iba enrolado en el San Juan, el segundo buque más grande de la expedición. Pero no hay nada documentado.

Supuestamente, pasó por A Coruña antes de zarpar hacia el Canal de la Mancha. Y, tras las sucesivas batallas en Portland, el paso de Calais o las islas Gravelinas, volvería con los restos de la flota que sobrevivieron al mal tiempo. Pese a la leyenda, hoy se sabe que la mayor parte de los galeones que regresaron se salvaron. Los hundidos por los elementos fueron sobre todo buques de transporte. Y la expedición terminó más bien en empate. Su fracaso fue el de las fuerzas de desembarco que debían llegar de los Países Bajos. Y el de un rey Felipe obcecado con que Dios resolvería a su favor todas sus imprevisiones. Hoy sabemos que Dios, por mucho que se le rece, ni siquiera da la victoria en un partido de fútbol. Así que, en resumen, lo de la Armada Invencible se parece muy poco a lo que la gente cree. Aunque la flota regresó maltrecha a casa sin victoria.

A finales de agosto de 1588, bajo una meteorología terrible, llegan a los puertos gallegos los restos sueltos de la Felicísima Armada de Felipe II. Tal vez, como sugiere Álvarez Blázquez, Lope de Vega llegó a Vigo a bordo de uno de aquellos galeones, «siendo alojado en la villa». Nada más sabemos. Todo es posible. Pero, tras su aventura naval, será mejor no especular sobre las más que probables juergas que el Fénix de los Ingenios se hubiese corrido por el laberinto de callejas del viejo Vigo del siglo XVI. Eso queda para los novelistas.

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