El muy incauto capitán Rolland

El comandante del navío «Atlas» se dejó vencer en Vigo en 1808 gracias a una argucia de los vigueses, que simularon ser aliados de Napoleón


Vigo

Entre los personajes de la Reconquista de Vigo, el premio al más incauto corresponde sin duda al capitán Rolland. El comandante de la fragata Atlas se dejó arrebatar su barco sin disparar una sola bala. Permitió que la bandera tricolor que ondeaba en el mástil, regalo personal de Napoleón, se convirtiese en un trofeo para los vigueses. Y protagonizó, en fin, el episodio más rocambolesco de la Guerra de la Independencia en Galicia. Su historia sólo deja una duda: si tamaño despropósito tuvo, en realidad, un propósito. Porque resulta muy sospechoso que Rolland hiciese tanto el ridículo, cuando sus antecedentes revelan que tenía una estrecha relación con Vigo previa al estallido del conflicto entre Francia y España.

La asombrosa historia del capitán Rolland y de la fragata francesa Atlas se registra una mañana del mes de julio de 1808, cuando la embarcación entra en la ría de Vigo con todo el trapo al viento. El navío de guerra ya había estado en este puerto en 1805, cuando los franceses eran aliados de los españoles, y el buque se alineaba en la escuadra combinada de Gravina y Villeneuve que combatía contra los ingleses en Finisterre. En aquella fecha, el Atlas se había refugiado en Vigo para reparar los daños de combate y para que se recuperase el propio comandante Rolland, que iba herido. Por lo tanto, Rolland y sus hombres vivieron en la villa algún tiempo, mientras el Atlas daba cobertura a la plaza. Pero, en esta ocasión, regresaban como enemigos.

La aparición del buque provocó la alarma general en la villa. La fragata, de 74 cañones, avanzó lentamente hasta fondear frente a la ribera de A Laxe. Inmediatamente, abrió fuego de artillería, sembrando el pánico entre la población. Pero, para su sorpresa, los vigueses comprobaron que aquellos cañonazos no producían ningún destrozo. Tardaron poco en darse cuenta de que el Atlas estaba haciendo, en realidad, salvas de honor, al creer que Vigo se hallaba bajo mando francés, habida cuenta de que José Bonaparte era el rey en Madrid. Y que la revuelta del 2 de mayo había sido convenientemente aplastada.

Tras el desconcierto inicial ante los cañonazos que no eran sino salvas, marineros de O Berbés, Areal y Coia embarcan en sus lanchas, ocultando sus armas, y se aproximan al navío francés, al que rodean. Cuando el más que inocente capitán Rolland cree recibir a un «comité de bienvenida», de sus fraternales aliados gallegos, se encuentra con su barco abordado y en poder del enemigo, por lo que se entrega sin resistencia.

Como trofeo por este éxito, los vigueses se llevan la bandera del Atlas, que el propio Bonaparte había regalado al navío. Este estandarte fue enviado a la Junta Suprema de Sevilla y hoy se conserva en el Museo Naval de Madrid.

En realidad, el Atlas había sido botado como buque de la Armada española. Fue construido en astilleros de Cartagena y entró en servicio en 1754 con el primer nombre de San José y, según otras fuentes, San Pedro Apóstol.

Durante años, el buque es empleado como corsario en la costa del Levante. Más tarde, en 1770, se fija su base en Ferrol, al mando del capitán de navío Francisco Hidalgo de Cisneros. Ese año forma un convoy junto a las fragatas Industria y Liebre, a las que se añade la urca Montserrat, para cruzar el Atlántico, doblar el cabo de Hornos y llegar a las costas de Chile y del Perú.

En las siguientes décadas, encontramos al buque comisionado para el corso o prestando servicios en el bloqueo de Gibraltar. Hasta que, en 1797, forma parte de la escuadra española en la batalla del cabo San Vicente, en la que tuvo seis muertos y cuatro heridos.

En 1798, aparece reseñado en varias refriegas contra la flota británica, especialmente en las costas de Andalucía. Finalmente, en 1801, es transferido a la Marina francesa y renombrado como Atlas.

En julio de 1805, ya bajo el mando del capitán Rolland, el Atlas participa en la batalla del cabo Finisterre, frente a la flota inglesa comandada por Calder. El resultado de esta contienda militar será decisivo en el curso de las guerras napoleónicas, ya que impedirá a los franceses dar escolta en el Canal de la Mancha a la Grande Armée, el ejército con el que Bonaparte planeaba invadir Inglaterra.

Dañado el Atlas y herido su capitán, encontrarán refugio en Vigo al término de la batalla. Cuando regresen, tres años más tarde, en julio de 1808, los amigos se habrán vuelto enemigos. Y el incauto capitán Rolland entrará en la ría disparando salvas de honor. Hasta que marineros de O Berbés acudirán a darle un sorprendente recibimiento.

La bandera del Atlas está actualmente en exhibición en el Museo Naval de Madrid. Y para la historia queda el inocente capitán Rolland, vencido sin resistencia gracias a la astucia de los vigueses.

eduardorolland@hotmail.com

Los marineros de O Berbés acudieron a darle un sorprendente recibimiento

El barco estuvo en el puerto en 1805. Los franceses eran entonces aliados de los españoles

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