Faysal se queda en Vigo

Un inmigrante tratado como delincuente al llegar a España logra que un juez revoque su orden de expulsión gracias al apoyo de una familia viguesa


vigo / la voz

Faysal Ahmed es un joven hindú de 20 años que cuando llegó a España, a la edad de 17, fue tratado como un delincuente. Pero su historia ha tenido un final feliz. El Juzgado de lo Contencioso-administrativo número 2 de Vigo ha revocado en una sentencia una orden de expulsión que pesaba contra él. El apoyo incondicional que le ha prestado una familia de Vigo desde el primer minuto de conocerlo ha sido clave para que nunca tirara la toalla y luchara por defender su inocencia.

Todo empezó el 29 de septiembre del 2011. Tras atravesar una serie de problemas en su país de origen, decidió viajar desde Bangladés a España para emprender una nueva vida. Cuando desembarcó en el puerto de Barcelona, los servicios de extranjería no creyeron que fuera menor de edad y le negaron la protección a la que tendría derecho. Su fecha de nacimiento estaba clara en el pasaporte, el 17 de octubre de 1994, pero las autoridades españolas le hicieron una prueba de edad con la que determinaron que tenía 18 años. Esos análisis médicos se basan en una radiografía de la muñeca y en un examen de la clavícula y de la dentadura. La comunidad científica internacional considera que este tipo de exámenes presentan un margen de error muy significativo. En el caso del estudio radiográfico de la muñeca, la desviación de los resultados puede ser de más de un año y medio respecto a la edad real. De hecho, estos análisis ya no se realizan. El Tribunal Supremo dictó el año pasado dos sentencias prohibiendo someter a esas pruebas de edad a los inmigrantes menores con pasaporte válido que se encuentran de forma irregular en España. Dictaminó en ese sentido, no por la falta de fiabilidad de las pruebas, sino por la violación que supone de los derechos de la infancia y porque «no hay una justificación razonable para que se realicen cuando se dispone de un pasaporte válido».

Pero Faysal Ahmed tuvo que someterse al dictamen de los médicos sobre su edad. La falta de coincidencia entre los años que constaban en su pasaporte y los que resultaron de las pruebas que le efectuaron al entrar en el país hizo que las autoridades españolas concluyeran que había falsificado su documentación.

A juicio por falsedad

No solo le negaron la tutela que la ley dispensa a los menores no acompañados, sino que además le imputaron un delito de falsedad documental.

Este joven llegó a estar detenido durante varias horas en un calabozo de la Policía Nacional por estos hechos. La Fiscalía le pidió nueve meses de prisión, una multa de 450 euros y su expulsión del país. La vista oral se celebró en un juzgado de lo penal de Guadalajara y quedó absuelto en mayo de 2014 del delito de falsificación que le imputaban al quedar acreditado que su pasaporte era auténtico.

El documento fue una prueba aportada a la causa y por un error no se la llegaron a devolver tras quedar en libertad. Esa fue su mala suerte. Un mes después, en Vigo, le paró la Policía Nacional y no pudo mostrar su documentación.

Nuevamente se enfrentó a un procedimiento de expulsión del país iniciado por la Subdelegación del Gobierno de Pontevedra. Desesperado, ya se veía haciendo las maletas de regreso forzado a la India, pero un buen día trabó amistad en un bar de la ciudad con Paula y María Martínez Molares, dos hermanas que decidieron apoyarlo decididamente y le abrieron las puertas de su familia. Paula, que es abogada, le ayudó a recuperar su pasaporte y también con el recurso que planteó en el juzgado en contra de la orden de expulsión. María le da clases de español y, gracias a él, ella practica inglés. Al final, el juzgado le ha dado la razón, lo que es motivo de gran alegría para su familia adoptiva de Vigo. La desconfianza y falta de comprensión con la que se topó por parte de la Administración a su llegada a España ha encontrado compensación con el apoyo de sus hermanas adoptivas. Ellas, por su parte, afirman que cada día aprenden mucho de él.

«Quiero ser informático»

Faysal Ahmed es muy conocido en el centro de Vigo porque cada fin de semana recorre las calles vendiendo flores para ganarse un sustento. Su objetivo es lograr un permiso de residencia que le permita una nueva vida en nuestro país. Para ello necesita demostrar que está arraigado en la ciudad y tener un contrato de trabajo. El Concello de Vigo dictó un informe de arraigo favorable, dado que se encuentra plenamente integrado. Sin embargo, se sigue encontrando con la incomprensión de la Administración, que no ha admitido un contrato de empleado de hogar que presentó, «porque soy un hombre». Pero Faysal apuesta por su futuro. Estudia español en la escuela de idiomas y quiere ser informático.

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