Mandan las moscas


Me van a disculpar la expresión, pero no es mía, sino de un profesor del colegio: «Por mucho que seis mil millones de moscas se pongan de acuerdo y digan que la mierda huele bien, no es cierto». Pues bien, ahí está el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, que dice que la cruz de O Castro no es un emblema del franquismo porque un día de 1981 todos los concejales de todos los partidos de la corporación de Vigo alzaron sus manos en el pleno para cambiar el significado de la cruz. Ese día, quedó convertida en un símbolo de reconciliación. Y punto. Hace unas semanas escribí aquí que dudo de la capacidad del poder político para cambiar el significado de las cosas. Pueden dictar leyes, hacer recortes o subir los impuestos, pero no ponerse en plan Saussurre y desligar por las buenas el significante de su significado. Pensaba que hace falta mucho más que una votación para cambiar el significado de algo. Se necesitan años de cotidianeidad. Tal vez si desde 1981 se hubieran celebrado a los pies de la cruz actos de reconciliación, la cruz habría dejado de simbolizar lo que todavía simboliza.

Pero me equivoqué.

Advertí mi error en la madrugada del 19 de febrero. Hasta entonces, el barco Bernardo Alfageme era, o pretendía ser, un símbolo de los trabajadores del mar, de la pesca como origen y futuro de Vigo, motor de su economía y ejemplo de la pujanza de su industria. Pero ese día, el Alfageme quedó convertido en el símbolo de un gobierno voluntariamente sordo. No hace falta que 27 concejales alcen sus manos para modificar un significado, basta con sacar a la calle a 200 policías para que hagan cumplir la divina voluntad, con acallar la crítica, con prohibir a la organización del carnaval tocar ese tema y, sobre todo, basta con sonreír.

Así que sí, el poder político puede cambiar el significado de las cosas. Es la revolución de las moscas.

angel.paniagua@lavoz.es

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