El «Alfageme» como símbolo

Descuidamos el medio marino pero lo tapamos cuidando un viejo barco


amigos da terra vigo@tierra.org

¿Cuánto pagarían por una pequeña y vieja tablilla de chopo pintarrajeada? En el fondo la Mona Lisa de Leonardo solo es eso y, sin embargo, dicen que su valor es incalculable. Si encontrásemos un chatarrero con buen corazón quizás podríamos sacarle 600 euros por el Alfageme. A precio de mercado, su estructura no vale más en un desguace pero ya ven la que se está liando, y lo que queda.

La conclusión es que determinadas cosas, más allá de su escaso precio material, tienen un enorme valor simbólico, y el barquito ya se ha convertido en símbolo de muchas cosas. Es, como bien decía Diego Pérez el viernes, también una metáfora de la democracia en Vigo estos años: pintada con bellos colores por fuera, pero hueca y oxidada por dentro.

Ahora ya está puesto donde decidió la minoría. Podría, haberse instalado al menos semienterrado, o en sentido longitudinal a la avenida, pero no, bien alto y atravesado para que su impacto visual y simbólico sea el mayor posible. Solo echamos en falta una cosa, un detallito: la placa conmemorativa. No digo que vaya el alcalde a romper la botella de cava contra el casco, pero es importante identificar al artífice porque luego pasa lo que pasa.

La memoria es frágil y fíjense por ejemplo en la cruz franquista de O Castro, que al no tener la plaquita algunos ahora no recuerdan quien, cómo, cuándo, y porqué se puso allí. Lo peor es verlo como símbolo de algo por lo que sentíamos cierto respeto y que el pleno municipal y las decisiones democráticas de nuestros representantes, pueden convertirse en una ópera bufa. Ya suficientemente desacreditada está buena parte de la clase política como para que nos den estos espectáculos.

Políticos, los otros

Es raro escuchar a un alcalde utilizar la expresión «hacer política» como una descalificación. Que sepamos a la alcaldía se accede por elecciones, no por oposiciones, pero es bonito tener a un alcalde apolítico, igual de bonito que escucharle despreciar a los representantes políticos que asistían a las concentraciones denunciando que eran eso, políticos «no miembros de la sociedad civil». ¿Los políticos pertenecen quizás a la sociedad militar? Pero al margen de todo esto, el barco y sus circunstancias son, sobre todo, o también, un símbolo de una sociedad, de una ciudad, que ignora al mar que tiene tan cerca y a su propia historia.

No hay semana en la que no tengamos noticias de pesca furtiva, marisqueo ilegal, sobreexplotación de los recursos. La ría sigue sin depurar, a pesar de los anuncios, y recordemos que no fue nuestra concienciación, sino la presión (con amenaza de multas multimillonarias) de la Unión Europea la que forzó que se empezasen a tratar nuestros vertidos. Las evidencias del cambio climático muestran que es precisamente la ría el primer escenario de sus efectos, de los que las mareas rojas tan dañinas, cada vez mayores y más prolongadas en el tiempo, son apenas la punta del iceberg.

Seguimos hablando de Abrir Vigo al Mar mientras que desde que se acuñó ese desafortunado eslogan no hemos hecho más que seguir ocupando y edificando en el litoral. Hablamos de conservación del litoral y el único espacio natural propuesto por el Concello para su conservación, el área de O Vao, se sigue anunciando pero sigue sin presentarse la documentación precisa para su puesta en marcha.

Contrasentido

Pedimos, en definitiva, la declaración de las Cíes como patrimonio de la humanidad mientras seguimos humanizando, en el sentido que da Caballero a la palabra, el resto de la ría. Las Cíes se salvan porque nos quedan relativamente lejos.

De buena parte de esto es un buen símbolo ver un barco varado en una rotonda. Quizás en el fondo sea lo coherente en vista de cómo tratamos al mar que incluso los viejos barcos pesqueros salgan huyendo.

Con permiso de mi amigo Manolo Pipas, el poeta oficial de la rotonda de Coia, la noche del traslado recordaba el desgarrador poema de Manuel Antonio: «Fomos ficando sós / o Mar o barco e máis nós / Roubáronos o Sol / Roubáronos o vento / Noite silenzo frío / e ficamos nós sós / sin o mar e sin o barco / nós»

 

Impedir nuevos daños a la ría

Numerosos partidos anunciaron su intención de retirar el barco si consiguen el gobierno municipal. No siempre la mejor manera de solucionar un esperpento es cometiendo otro, pero reconquistar la democracia, con el barco como símbolo, es necesario, imprescindible.

Una sociedad que acepta como normal que el órgano de representación ciudadana, su pleno municipal, sea un paripé tiene una enfermedad grave. En cualquier caso, pase lo que pase con el «Alfageme» y su destino final, que sirva de ejemplo, aunque sea de mal ejemplo. No podemos hacer nada por el patrimonio marítimo perdido, pero estamos a tiempo de evitar que se sigan sumando perdidas.

Con escaso éxito hace varios meses, antes de que empezara el jaleo del «Alfageme», sugeríamos a los responsables de la cosa ambiental del puerto convertir inmediatamente al barco balizador Rías Baixas (otra de nuestras últimas joyas flotantes) en un centro de interpretación y aula de naturaleza. El buque, su estado y su ubicación son perfectos para dicha finalidad. Volveremos a sugerirlo, y volveremos a intentar que al menos con el Rías Baixas no suceda lo que sucedió con el «Alfageme».

Aún estamos a tiempo.

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