«Bernardo Alfageme»: El barco que se libró del desguace pero perdió el mar

El buque se botó en Barreras en el año 1944 y trabajó para diferentes pesquerías durante cinco décadas, fue el último que se fabricó sin remaches


La presión de los vecinos de Vigo logró salvar al «Bernardo Alfageme» del desguace en el año 2000, pero no ha impedido que salga del mar y termine en mitad de una rotonda en el barrio de Coia. Este pedazo de historia de la construcción naval al que soñaron con convertir en un museo solo será admirado de cerca a partir de ahora por los conductores que circulen por la Avenida de Castelao de la ciudad. 

Mucho antes de la polémica que se ha levantado en los últimos tres meses con el buque, su historia ya sufrió más de un revés y susto. El mayor, librarse del desguace que pendía sobre él en el año 2000 y contra el que lucharon la asociación de marineros de Bouzas. 

La historia del barco arranca bajo la orden de Antonio Alfageme del Busto, presidente en su día del consejo de administración de la empresa conservera que lo mandó construir. Del Busto lo aportó a la sociedad Casa Mar a mediados de siglo, poco después de su botadura en el astillero Hijos de Barrera, que se produjo en el año 1944. De allí salió con la pecualiaridad de ser el último barco en ser fabricado sin remaches. 

El «Bernardo Alfageme» surcó los mares durante cinco décadas. Con 23 metros de eslora y seis de manga, trabajó para diferentes firmas pesqueras de la ciudad con el paso del tiempo. 

Sin embargo la reconversión naval terminó con este pedazo de historia a bordo del desguace. El Ministerio de Pesca llegó a dar la orden en febrero del año 2000 pero finalmente el pleno del Concello, con Castrillo en la Alcaldía, aprobó el 27 de marzo incorporar el barco al patrimonio marítimo de la ciudad y su inclusión en el inventario de bienes municipales. 

Había grandes planes para él y el sueño de musealizarlo, pero la falta de presupuesto terminó con el barco en el astillero Cardama. De allí lo rescató el siguiente equipo de gobierno a propuesta de Julio Alonso. El edil propuso rehabilitarlo en varias fases y con el apoyo de PP, BNG y Progresistas vigueses se aprobó una primera partida presupuestaria. La primera fase sería reparar el exterior y pintarlo. La siguiente, acondicionamiento del interior y la tercera, su puesta a punto para poder navegar. Pero nunca alcanzó las dos últims fases. Y ya nunca será museo.

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