Horas fatídicas y sin consuelo

Xavier Lombardero TIRAR DO PAU

VIGO CIUDAD

Dividida en cuatro relevos, el segundo y el cuarto son los peores de una noche de guardia. Los que hicieron la mili podrán corroborarlo. El cuerpo pide sueño, pero hay que mantenerse alerta. En la oscura soledad los barcos que tocan puerto a diario los gobiernan aquellos que han dormido de día. Así, el resto regresarán frescos a la faena poco antes del alba. Son horas peligrosas, rutinarias, fatídicas, con accidentes que no deberían producirse y que seguramente esconden otros muchos incidentes marítimos donde los patrones, acostumbrados a pasar miles de veces por esos puntos, resuelven sin contratiempo la mayor parte de las veces.

La investigación de lo ocurrido con el Mar de Marín se presume al menos tan compleja como la del Santa Ana y puesto al habla con dos patrones de arrastre que están pescando en nuestro litoral, ninguno se explica el motivo cierto de que el arrastrero se fuera a meter bajo el morro del mercante. «Me imagino que pudo ser un fallo del piloto automático. Los dos capitanes hablaron minutos antes de la colisión, a veces el piloto falla y el barco trinca a un costado, sin dar tiempo a corregir el rumbo», asegura uno, mientras otro experimentado profesional del puente también se extraña de que un mercante de ese porte surque la noche de la ría de Vigo a una velocidad de entre quince y doce nudos, «porque aínda que vaia ben, sáelle diante unha lanchiña da vieira, e a ver como maniobra...». Si los datos de satélite tomados del rumbo del barco por la página web Localizatodo.com están bien, el Baltic Breeze habría reducido, en un lapso de unos 20 minutos, la velocidad de 16 a 12 nudos, aproximadamente, mientras que el Mar de Marín avanzaba entre nueve y siete nudos.

Algunos expertos dicen que ambos tenían margen y tiempo para alejarse lo suficiente yendo a estribor. Muchos de los interrogantes sobre cómo se produjo la colisión en un mar con dispositivo de seguridad dependiente de Sasemar y de la Capitanía Marítima de Vigo podrán despejarse a la luz de los datos que estos organismos aporten al juzgado. Los barcos pasan muy cerca y el tráfico de buques en la ría de Vigo es intenso, pero tampoco a los niveles Róterdam. Ni la existencia de una torre de control para ordenar el tráfico es garantía suficiente. En Asturias también funciona una y el Santa Ana navegó 35 minutos aparentemente enfilado a las rocas. Ni siquiera ha sido el único que se ha deshecho contra el cabo Peñas en los últimos tiempos.

Importante será conocer la secuencia de comunicaciones entre ambos buques. El pesquero pudo haber sido arrastrado por el bulbo del Baltic Breeze. Es verdad lo que dicen los patrones, no hay peor enemigo que las rutinas. El peligro cierto de una noche capeando el temporal en Gran Sol mantiene la tensión; en cambio una salida de puerto en una noche aparentemente plácida -con olas de menos de dos metros y aunque hubiera chubascos-, puede desencadenar la tragedia en pocos minutos. Una vez más, el sentido pésame a las familias de los marineros en un año en el que se han disparado este tipo de accidentes, con mala y buena mar.