«Una boca saludable puede ser una carta de presentación»

Siempre tuvo claro que su futuro tendría que ver con un trabajo manual


VIGO / LA VOZ

Para Carlos Villamarín el rincón más simbólico de su ciudad no podía ser otro que la calle Doctor Cadaval, la que prácticamente le vio nacer y en la que ha transcurrido la mayor parte de su vida. Por eso, situó en ella su clínica odontológica y por eso mantiene en este vial su lugar de residencia, que comparte con estancias en Madrid. Y es que además de desarrollar en Vigo su actividad como especialista en Cirugía bucal, Implantología y Periodoncia, Villamarín acude todas las semanas a la capital española, donde compagina la clínica con clases en la Universidad Alfonso X, que imparte desde hace seis años. Reconoce que se defiende muy bien en Madrid y que continuará viajando a esa ciudad, pero tiene claro que su sitio es Vigo.

Su deformación profesional no llega hasta el punto de anteponer la dentadura a cualquier otro aspecto de la condición humana, lo cual no impide que la considere un aspecto muy importante.

«Una boca sana y saludable puede ser una carta de presentación y hay quien dice que la buena salud comienza por la boca»», explica.

Tiene claro que la dieta y los hábitos repercuten mucho en la dentadura y que la gente que desde pequeña ha ido al dentista tiene una buena salud bucal, de ahí que los tratamientos actuales tiendan más a la prevención.

También tuvo claro desde muy pequeño que se dedicaría a algún trabajo manual, a algo minucioso. Su infinita paciencia le llevó a montar maquetas de barcos y a trabajar con todo aquello que requería pequeñas piezas.

«Esta profesión exige trabajar con tornillitos, los implantes llevan muchas piezas protésicas y eso me gusta mucho».

Nunca dudó en elegir una rama biosanitaria y menos aún tras pasar por algunas clínicas para ver como se trabajaba y comprobar que valía para ello.

Al empezar pensaba que para sacar muelas se requería mucha fuerza y descubrió con sorpresa que con un poco de cuidado y técnica es suficiente. De todas formas, lo que más le gusta es la implantología.

«Es como un edificio, colocas los pilares estratégicamente para que aguanten el peso de la casa, no hace falta ponerlo todo, si la calidad del hueso lo permite, se ponen menos».

A la hora de hablar de preferencias confiesa: «Me gustan las sonrisas naturales, no tienen por qué ser perfectas, pueden tener pequeños defectos que le den personalidad; unos dientes perfectos son bonitos, pero hay que ver el contexto, estudiar cada caso y tratarlo como único, teniendo en cuenta detalles como edad, complexión, rasgos faciales y características personales; es imposible llegar a los 90 años con una dentadura perfecta».

Para demostrar que nadie está a salvo explica que un dentista va al dentista y que, en general, es muy mal paciente. Él personalmente no tiene miedo, pero sí respeto. «A nadie le gusta que le hurguen en la boca».

Aunque en la actualidad la gente va más al dentista que hace años, cree que aún no lo visita todo lo que debería. En el caso de su especialidad, Implantología y Periodoncia, los pacientes que más acuden son los de mediana edad.

Destaca los avances de la Odontología en los últimos 20 años, que ha pasado de los brackets metálicos a los invisibles y a que la mayoría de los tratamientos por falta de piezas se solucionen con implantes hasta el punto de convertirse casi en rutinario.

«Las últimas novedades son los aparatos de radiología o rayos X en tres dimensiones; eso en cuanto a diagnóstico, y en tratamientos, la introducción del láser», concluye Carlos Villamarín.

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