No hay obstáculo que se les resista

Usan su cuerpo para desplazarse por Vigo de la forma más insólita y donde el resto ve plazas deshumanizadas, ellos ven campos de entrenamiento.


El parkour es una metáfora de la vida. Se trata de superar los obstáculos y retos que la ciudad te pone aprovechando tus propios recursos. Se ha convertido en el fenómeno de moda y por las calles de Vigo muchos grupos de jóvenes practican esta modalidad, haciendo todo tipo de saltos, subiendo muros y haciendo piruetas en cualquier esquina.

Aunque ahora son muchos los que pratican el parkour, un grupo de jóvenes de Vigo llevan ya desde hace aproximadamente dos años praticando esta disciplina en la plaza que existe sobre el aparcamiento de los juzgados. La gente de la zona ya les conoce y aunque al principio pensaban que estaban locos, ahora ya saben en qué consiste el parkour. Reunimos a algunos de ellos en la triste plaza de los juzgados, su campo de entrenamiento, y ponemos cara a Katze, Luis Silash, Loit y Sute. Ninguno de ellos supera los 20 años, todos compaginan esta aficción con el instituto e intentan dedicarle un par de horas diarias a entrenar movimientos y trucos. Los fines de semanas se reúnen los grupos y se recorren Vigo demostrando sus habilidades.

Lo que hacen no es nada fácil, impresiona como se agarran a los muros y como hacen saltos que la mayoría no nos atravereríamos a hacer ni siquiera con el suelo cubierto de esterillas. Todos estos movimientos, saltos y precisiones los hacen sin protecciones. Pero para ellos todo esto no es más peligroso que cualquier deporte. Todos han tenido sus caídas y lesiones, pero «también aprendes a caer» como dice Loit. Lo peor, como en todo, son los inicios cuando empiezas a probar suerte con los primeros movientos y trucos y «llegas a casa con las muñecas y los brazos sangrando» recuerda Katze, «aunque luego ya sale el callo». Ahora que ya tienen experiencia saltan desde el bordillo de una escalera y se culegan de un muro de hormigón de unos dos metros de altura. se lanzan desde ese mismo muro apoyando un sólo brazo antes de suspenderse en el aire o se agarran entre dos y ruedan por el suelo formando una especie de rueda con sus cuerpos , para calentar y mostrar una mínimo indicio de dolor. Todos estos ejercicios son su manera de adaptarse para salvar los obstáculos, la base del método natural que inspiró el parkour. Eso sí, con las nuevas generaciones, como reconoce Luis Silash, se está acabando con la filosofía del parkour, ya que se está más vinculando con el vandalismo. «Sin saber se ponen a hacer burradas delante de las chicas y a saltar coches y eso no es el parkour». Superar los obstáculos de la ciudad, no tiene que provocar efectos en ella.

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