Orencio Arosa, el relojero y militar que fue alcalde en 1923

Memoria de Vigo Titular de un comercio que fue mentidero local, el personaje estuvo vinculado en su juventud a varias publicaciones


Orencio Arosa (1873-1939), que había sido militar, mantuvo muchos años la relojería que tenía como rótulo comercial su apellido. Establecida cerca del Marco, en la misma acera de la calle del Príncipe, todavía no hace muchos años llamaba la atención su historiado escaparate. Lo cierto es que el negocio conservaba el nombre, pero había dejado de ser de su propiedad muchos años antes.El personaje tuvo la singularidad de ser el primer alcalde de Vigo en la dictadura de Primo de Rivera. Poco antes de aquello, que ocurría en 1923, el comercio se anunciaba como relojería fina y una década antes, Jules Vedrines, el primer aviador que hizo vuelos de exhibición en nuestra ciudad, hazaña que evocamos en su día, confesó haber dejado apenado Vigo por no disponer de tiempo para comprarle un Longines al famoso Arosa. Éste escribió de inmediato al francés para ofrecerle gratis el reloj si volvía a actuar aquí. No me consta que se ganara el afamado cronómetro. El personaje era cuñado de otro vigués muy conocido, Primitivo Coca Blein, que allá por 1893 había contraído matrimonio con Trina Arosa. Nuestro hombre, en su mocedad, y aun después, estuvo vinculado a los medios de comunicación, especialmente en tareas administrativas. Nos consta que en la primera década del siglo XX era administrador de La Concordia, el primer diario nacido en Vigo, periódico liberal desaparecido en su día para hacer crecer El Pueblo Gallego, cuando los dos estaban controlados por la misma empresa. Curiosamente, una de las pocas veces que le tocó actuar como alcalde en funciones, cuando era concejal, su actuación más destacada fue suspender La Ráfaga, semanario humorístico local que era todo un prestigio. La disculpa para tomar medida tan drástica era que la empresa no había comunicado el nombre del nuevo director, pero quedaba en el aire la sospecha de que tal medida se tomara más bien por el afán crítico de aquella excelente publicación. Claro que para comunicación la que se establecía en la relojería Arosa de la calle del Príncipe. Era, según todos los indicios, mentidero en el que resultaba posible conocer innumerables chismes locales. Según Bernardo Bernárdez, una de las plumas más ácidas entre los vigueses que han escrito en toda nuestra historia, autor del libro «Tratado de viguismo», también se «cortaban» trajes sin cuento en aquel establecimiento. Más allá de este chismorreo, parece que Orencio Arosa era lo que se llama un bendito, una buena persona que llegó a colaborar con la dictadura de Primo de Rivera como lo hicieron muchas personas decentes. Y no menos partidos políticos, varios democráticos. El republicano Martín Echegaray criticó mucho su nombramiento como alcalde.Nacido en la provincia pero no vigués, Orencio Arosa estaba casado con una ourensana, Josefa Merino Fernández. Tuvimos oportunidad de conocer en su día a una hija de ambos, del mismo nombre que la madre, que estaba acogida en la residencia viguesa de las Angélicas. Durante mucho tiempo el padre de familia fue directivo de la Asociación Popular, que se encargaba de organizar las fiestas locales.

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