El maestro Diego Ricón convierte la construcción en aprendizajes
02 oct 2026 . Actualizado a las 17:27 h.Los niños de tres años del CEIP tudense de Pazos de Reis van a la obra cada mañana. En el aula de Diego Ricón hay cartones, tubos, escaleras y una grúa de unos dos metros que el propio maestro construyó con madera, cartón y cordel. Los pequeños aprenden a manejarla para subir y bajar materiales y necesitan coordinarse entre varios, llegar a acuerdos y pensar cómo conseguir su objetivo. Todo mientras juegan. Es Obratectura, la metodología que Ricón, de 39 años, lleva alrededor de tres cursos desarrollando dentro del proyecto educativo del centro y que acaba de presentar en el Encontro Educativo Galego. «Para mí la construcción es inherente, es juego, desde que somos pequeños», explica. Uno de sus juegos favoritos de niño era levantar torres con los cojines del sofá de su abuela.
Ahora son sus alumnos quienes toman el relevo. Pliegan cartones para levantar paredes y tejados, hacen cuevas y túneles, apilan cubos o experimentan con tubos. Una vez levantaron una torre de casi tres metros. Otro día hicieron una cabaña tan grande que pidieron conservarla. Ricón aceptó y acabaron merendando debajo, iluminados con tiras led. No siempre las estructuras sobreviven. En el aula tienen una palabra para cuando se vienen abajo: «colapso». «El error, el colapso, para nosotros también es fantástico», sostiene. Se ríen, vuelven a empezar e intentan descubrir cómo hacerlo mejor. «Cuando estás construyendo también te estás exponiendo a la destrucción».
Estas actividades trabajan la motricidad y el equilibrio, obligan a pensar estrategias, resolver problemas y colaborar. Ricón observa cómo los pequeños pasan progresivamente del juego en paralelo a asociarse con otros para alcanzar un objetivo común. Él tampoco contempla la escena desde fuera. «Yo intervengo como un niño más», asegura. Trabaja con sus alumnos, que observan lo que hace, lo imitan y después transforman sus ideas. «Somos verdaderos influencers para ellos». Una de las claves, defiende, está en «permitirse el lujo, como tutor, como docente, de ser niño».
Obratectura ocupa su aula, pero se integra en una organización más amplia de Infantil. Pazos de Reis tiene tres clases, de tres, cuatro y cinco años, y durante una parte de la mañana las puertas se abren. Empieza la «circulación libre»: los pequeños pueden elegir entre distintos ambientes, quedarse con Ricón, ir a otra clase, leer o salir al aula-patio, donde tienen agua, hierba y un espacio para excavar. Este curso el colegio ha tenido que baremar y hubo niños que se quedaron fuera. Ricón señala que tienen incluso alumnado que se desplaza a diario desde otros municipios como O Porriño y atribuye ese interés al modelo educativo del centro.
La propuesta empieza además a despertar interés fuera de Pazos de Reis. Tras presentarla ante otros docentes, un colegio ya le ha solicitado formación. Ricón cree que puede trasladarse a otros centros, pero requiere formar al profesorado para utilizar los materiales, jugar con los pequeños e inspirarlos. Natural de Redondela, se formó primero como maestro de Educación Física y después cursó Infantil, etapa de la que se «enamoró». Comenzó como sustituto en el 2015 y está iniciando su séptimo curso en Pazos de Reis. «Me he venido a deconstruir bastante», reconoce. Cuando interviene ante otros docentes plantea una pregunta: «¿Cuál es tu conflicto como docente?». El suyo lo tiene claro: «Mi conflicto cada vez es intentar ser menos entrenador de niños».
En su aula, la pantalla digital permanece tapada. Prescindir de las pantallas es uno de los pilares del proyecto educativo de Infantil. Ricón no rechaza toda la tecnología: le interesan determinados recursos de robótica y dispone incluso de una máquina para cortar cartón. Pero prefiere que a estas edades sus alumnos experimenten «con tierra, con la naturaleza, con agua, con bloques, con tubos».
Cuando piensa en lo que le gustaría que conservaran de él dentro de unos años tampoco habla de contenidos. Algunos antiguos alumnos, ya en sexto de Primaria, le recuerdan momentos en los que les tocaba la guitarra o les mostraba cariño. «No es lo que les enseñé —resume—. Es lo que les transmití». «Nuestro trabajo no es enseñar a leer, enseñar a escribir, estar todo el día haciendo fichas raras; es estar con ellos, mediar, acompañar y sostener»