Carmen Fernández abrió la peluquería Carmiña en Tui hace 65 años, cuando era apenas una cría; sus dos hijas empezaron de niñas a trabajar con ella y continuaron el negocio cuando la mujer falleció
24 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Carmen Fernández Cambra, más conocida como Carmiña, abrió su peluquería en Tui hace 65 años, cuando ella tenía 16, acababa de perder a su padre y había estudiado peluquería en Vigo. A pesar de haberse criado en As Neves, Carmiña decidió aventurarse con su propio negocio en Tui, una ciudad nueva para ella. Allí logró alquilar una habitación en una casa particular y, más tarde, pudo permitirse comprar un bajo para continuar con su propio negocio. Ahora, 21 años después de su muerte, sus hijas Rosi y Meli Álvarez Fernández continúan con su legado, trabajando en el mismo local, manteniendo el mismo nombre, y brindando a los clientes y clientas el mismo trato que su madre ofrecía, siempre manteniendo la esencia de Carmiña. Meli, que tiene 58 años, empezó a trabajar en la peluquería de su madre a los 13; y Rosi, que cuenta con 60, comenzó a los 19 años.
Las dos hermanas están orgullosas de su trabajo y aseguran que a su madre le gustaba tanto su profesión que «era contagioso», y por eso ellas pudieron continuar con esa pasión. «No le cambiamos el nombre a la peluquería precisamente para mantener la esencia y el legado de mi madre», destaca Meli. «Aquí los clientes son familia, no es solo un sitio donde venir a cortarse el pelo, nuestros clientes y clientas saben que esto es casa, que pueden venir a hablar de sus problemas si lo necesitan, y que siempre les escucharemos», añade Rosi. «Saben que aquí tienen un sitio para sentirse a gusto y para que les escuchen, porque es lo que hacía nuestra madre».
«Carmiña era una persona excepcional, consiguió que esta peluquería continuara al pie del cañón», explica Rosa Pérez, clienta habitual de la peluquería. «Yo tengo 75 años y vengo desde que soy soltera, y mis hijos, de 53 y 52 años, siguen viniendo, al igual que mi nieto, que tiene cinco años», afirma. La clienta recuerda con cariño cómo le apoyaron cuando falleció su tercer hijo y destaca que siempre lograban sacarle una sonrisa a pesar de la mala situación que estaba atravesando. Rosa Pérez considera que ya son familia, pues ella tenía un negocio al lado de la peluquería, un local que empezó siendo de ultramarinos y pasó después a ser una mercería.
«Carmiña me enseñó a calcetar cuando tenía ratos libres para que les hiciera cosas a mis hijos cuando nacieron, siempre voy a estar agradecida con ella», explica la clienta. «Meli siempre venía a mi tienda, le encantaba, era como una hija para mí», añade. Rosa Pérez destaca también que cuando va allí no va solo a que le arreglen el pelo, sino que para ella es como tomar un café, «es algo especial». «Siempre salgo contenta, tanto con el trato que me dan como por el resultado del trabajo que hacen las dos, y eso se ve reflejado en que mis hijos y mi nieto también vengan a esta peluquería».
Meli Rosi dicen de su madre que «la peluquería era su vida». Sus dos hijas, que todavía se emocionan al hablar de su madre, trabajaban con ella, vivían con ella y tomaban café con ella. «Eso es algo que nunca se nos va a olvidar, disfrutó la peluquería porque ella vivía para ello», afirman Meli y Rosi. «Seguimos teniendo clientas y clientes que ella trataba, e incluso sus hijos y nietos, y eso para nosotras es un privilegio». «Tenemos personas que vienen desde Santiago hasta aquí, y esa fidelidad que nos regalan es increíble», señalan.
«Nos gusta lo que hacemos, y cuando eso sucede, se nota, porque somos felices trabajando aquí y eso es lo más importante», destacan. La pasión por la peluquería de esta familia se extiende todavía más, pues entre familiares tienen más miembros que también trabajan de la profesión.
En esos 65 años que lleva abierta la peluquería, se reformaron muebles y se cambiaron los colores de las paredes. Incluso se incorporó un salón de pedicura más personal y moderno. Pero Meli y Rosi nunca cambiaron la esencia de Carmiña, que consideran clave para continuar con este negocio familiar que no solo las hace felices, sino que hace felices a clientas como Rosa Pérez, que están «profundamente agradecidas».