Su instalación artística la conforman 800 piezas, una por cada año de historia del templo, inspiradas en los antiguos relicarios
01 jul 2026 . Actualizado a las 01:50 h.La catedral de Santa María de Tui incorpora desde este lunes una intervención artística concebida expresamente para conmemorar el VIII centenario de su consagración. Firmada por el tudense Carlos Fer, la instalación ocupa la nave principal con ocho grandes collares transparentes compuestos por piezas inspiradas en los antiguos relicarios del templo y concebidas para dialogar con la arquitectura sin modificar una sola piedra.
Sin embargo, la historia de la obra no comenzó en la nave principal. Empezó mucho antes, durante meses de trabajo dentro de la propia catedral, donde el artista buscó el origen del proyecto en uno de los espacios menos conocidos del edificio: la capilla de las Reliquias.
«Me gustó mucho el concepto del altar relicario, ese lugar donde se guardan y protegen los recuerdos», explica Carlos Fer. «Pensé que la mejor manera de celebrar estos ochocientos años era honrar esas memorias». Aquella reflexión se convirtió en el punto de partida de toda la intervención.
A partir de entonces comenzó un proceso de investigación que lo llevó a observar detenidamente las piezas históricas conservadas en esa capilla. Estudió sus formas, documentó sus ornamentaciones y escaneó sus relieves para reinterpretarlos mediante técnicas contemporáneas de impresión tridimensional. La intención no era reproducir aquellos objetos, sino convertirlos en la base de una obra nueva nacida de la propia memoria de la catedral.
El resultado son ocho grandes collares suspendidos entre los arcos de la nave, formados por 800 piezas transparentes, una por cada año transcurrido desde la consagración del templo, que reproducen aquellos motivos históricos. Unidas, construyen una instalación que cambia constantemente con la luz natural.
«Quería trabajar con la propia arquitectura porque las catenarias de los collares recuerdan a los arcos que estructuran la catedral», explica el artista. «Cuando vi la obra terminada era como la había imaginado desde el primer momento: ese vestir a la catedral con sus recuerdos recoge muy bien todo lo que quería representar».
La luz termina de completar la intervención. Las piezas transparentes reaccionan de forma distinta a medida que avanza el día y convierten la instalación en una obra cambiante sin alterar el espacio que la acoge.
Carlos Fer insiste en que el proyecto no habla únicamente del pasado. «Cuando hablo de recuerdos, hablo de los que crea la catedral con sus visitantes, con los habitantes de Tui y con ella misma». Para el artista, esa memoria sigue creciendo cada día. «Cada persona que pasa por la catedral se lleva una reliquia consigo: un recuerdo, una memoria que guardar y preservar». Esa idea explica también la presencia de pequeños cristales sin tallar entre las piezas de la instalación. Representan todos los años y todos los recuerdos que la catedral todavía tiene por vivir y crear junto a la ciudad de Tui.
La intervención también invita a recorrer la catedral de otra manera. «Mirar hacia arriba tiene que ver con la devoción, con el proceso de escucha, de observación y de buscar respuestas». Al mismo tiempo, la sucesión de collares recuerda «una lámpara de araña barroca, de cristales», una imagen con la que quiso reforzar el carácter festivo de una celebración que conmemora ocho siglos de historia.
Desde el primer boceto hubo una condición que no quiso modificar. La instalación debía retirarse sin dejar ninguna huella. «La idea era no alterar la estructura de la catedral, ni hacer agujeros, ni traer maquinaria pesada». Todo el sistema de sujeción fue diseñado para respetar íntegramente el edificio y permitir que, cuando concluya la exposición, el templo recupere exactamente el mismo aspecto. «Lo único que permanecerá será el recuerdo de lo que fue esta instalación».
Para Carlos Fer, esta inauguración tiene además un significado especial. «Es la primera gran intervención en mi ciudad», reconoce. «Este año, entre Bruselas, Madrid y París, he conseguido las herramientas necesarias para volver a casa con todas esas técnicas y aprendizajes que ahora deposito en esta instalación».
La inauguración reunió a autoridades civiles, religiosas y militares, además de un nutrido grupo de familiares, amigos y personas vinculadas al artista. La concejala de Cultura, Sonsoles Vicente, calificó la intervención de «excepcional», tanto por «lo arriesgado de la apuesta» como por el resultado, y aseguró que el Concello está «inmensamente feliz y satisfecho». Recordó además que se trataba del proyecto del VIII Centenario «más ilusionante y atrevido» y destacó el impacto de la obra «por ser un lugar sagrado», al considerar que «se ha conseguido» el objetivo perseguido. Tanto ella como el alcalde, Enrique Cabaleiro, reivindicaron el papel de la catedral como «faro» y defendieron la necesidad de seguir protegiendo la cultura con el apoyo de otras administraciones. Por su parte, el deán, José Diéguez, y el director del Museo Diocesano, Santiago Vega, subrayaron la importancia del «diálogo entre cultura y fe».