El hombre de las 1.500 calabazas

La producción récord de un vecino de Tui se convierte en una exposición para poner en valor el fruto hasta el día de Samaín


tui / la voz

La historia y el refranero popular no han tratado nunca demasiado bien a la calabaza. Los griegos le atribuían un carácter antiafrodisíaco y los monjes de la Edad Media utilizaban sus pepitas en las cuentas del rosario para alejar pensamientos lascivos. En Tui intentan acabar con este desagravio y hacer justicia con la baya de cáscara dura que se asocia con el otoño y el Samaín. El hombre de las 1.500 calabazas se llama Carlos Picho. Él es el que las ha plantado y cultivado todas, aunque detrás de la Mostra de Cabazas da Eurocidade le acompaña Temo Alfaya. Juntos han transformado la finca del bar Pancho, en la parroquia de Randufe, en una sala de arte natural y efímero made in Tui, porque todas las calabazas han nacido en este municipio, que también es el suyo.

Carlos Picho es el prolífico agricultor y Telmo Alfaya a la postre hermano de Ana (dueña del bar) e hijo de los propietarios de la parcela recovertida en centro de exposiciones, «o liante». Él mismo se autoproclama así, aunque vecinos, amigos y demás familia corroboran esa especial capacidad para montar proyectos. No dan calabazas sino que las venden, pero nada que ver tampoco con el tema del mal de amores sino todos lo contrario ya que a ellos les una la querencia por el medio rural. «O bar xa comeza a coñecerse como o Pancho Cultural porque disfrutamos pondo en valor todo o noso», señala el también artífice del pupitre con las mejores vistas sobre el Miño, que es el que plantó en plena ribera de la parroquia de Areas y que en dos meses se ha convertido en uno de los lugares de peregrinaje por excelencia de la zona para los selfis.

«O ano pasado plantou trescentas e fixemos unha mostra, pero tanto gustou que máis plantou, e tamén a miña irmá acabou por cultivar», explica Alfaya, que avanza ya sus nuevas intenciones. Pretende que la muestra crezca cada año y para el que viene ya propone un concurso interparroquial y, como eurociudad internacional a dúo con Valença do Minho, a ver quién tiene las calabazas más grandes.

Destaca las cualidades de un producto «del que se aprovecha todo», aunque su mayor disfrute sea a día de hoy el del ganado porcino. «Serve para cremas, chulas, tartas e máis pratos, por iso tamén queremos facer un concurso de postres», señala.

Rojas, verdes, amarillas, grandes, pequeñas, redondas, ovaladas, alargadas y así hasta un millar, porque, según pasan los días, las van vendiendo. «As pequenas para adornos polo Día dos Santos e do Samaín xa as alevan a un euro. As grandes van a 1,50 euros o kilo nas pezas de ata 20 quilos e a un as máis grandes», explican los promotores de este original certamen de calabazas.

La joya de la segunda edición pesa 75 kilos y todavía reposa a los pies de un hórreo esperando por el mejor postor. «O liante» también ha sacado la parte artística de la fruta consiguiendo que varios creadores de la comarca se hayan animado a obrar sobre algunos de los ejemplares que están expuestos en la finca. El resultado es bien simpático y una prueba de los múltiples usos que se pueden dar a la calabaza.

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