Los secretos que esconde el monte Aloia

El arboreto del primer parque natural de Galicia es una especie de museo vivo

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Vigo / La Voz

Es, por poquito, el primer parque natural de Galicia. Monte Aloia tiene algo de viaje en el tiempo y nuestra ruta descubrirá lo que fue, lo que es y lo que puede ser la historia forestal. Cuesta imaginarlo, pero a principios del siglo pasado la vertiente atlántica de

Galicia era un páramo sin apenas vegetación arbórea. En ese momento dos ingenieros forestales, Areses y De la Sota, deciden emprender la titánica labor de reforestar la provincia, iniciativa que luego se extendió a toda la península.

El primer árbol de dicha repoblación se plantó en el monte Aloia (quizás simultáneamente en el Lago Castiñeiras). Partimos desde la casa del ingeniero Areses, actual centro de interpretación del parque con una recomendable exposición y desde allí iniciamos la ruta que nos descubrirá el arboreto, que viene siendo un museo vivo en el que conoceremos los árboles que marcaron para bien y para mal, la evolución ambiental y humana de nuestros bosques. No queda en pie ninguno de los pinos originales que desde el vivero de Tui alimentaron la primera reforestación, pero encontraremos ejemplares notables.

No menos impresionantes serán los eucaliptos y acacias negras que veremos a lo largo de la ruta. En el falso dilema entre economía y ecología siempre se priorizó lo primero y hoy sufrimos las consecuencias, paradójicamente también económicas, de aquella visión cortoplacista comprensible hace cien años pero injustificable actualmente.

La senda botánica va mejorando ecológicamente y empezamos a encontrarnos con ejemplares

jóvenes de las especies que además de estar deberían estar. No deja de ser curioso encontrarnos en un parque natural en el que sus valores naturales están en buena medida «en construcción», pero si proyectamos nuestro punto de vista hacia el futuro, y pensamos que cualquier espacio degradado puede recuperarse, nos alegrará pasear entre

los jovencísimos amieiros, avelairas, érbedos, freixos, carballos, loureiros, sabugueiros y así unas treinta especies. No se fíen de los paneles que las identifican, algunos están frente a un espacio vacío pero en espera de que estos pequeñines botánicos lleguen a

adultos. No dejemos pasar la oportunidad de visitar las murallas clópeas del alto do tripes y el castro dos cubos.

El monte Aloia es también un lugar excepcional para interpretar el paisaje del curso bajo del Miño. De hecho, la declaración en su día como espacio natural protegido tenía que ver con las vistas, concretamente las que se podían ver no in situ, sino desde Aloia. Resultaba extraño, en función de dicho mérito, estar en un parque natural que conservaría buena parte de los valores que justificaron su declaración, aunque un incendio lo arrasara (las vistas desde el monte incluso mejorarían sin molestos árboles que limitaran la visión). Afortunadamente los tiempos cambiaron y descubrimos que el monte Aloia atesora secretos desconocidos que se nos muestran incluso en la teóricamente peor época del año, como su impresionante diversidad micológica. Ciertamente hay muchas variedades de setas y hongos incluso en pleno verano, por lo que resulta pertinente insistir en que visitamos un espacio protegido.

El principal factor limitante para muchos de estos ecosistemas de montaña es el agua, y en Aloia nunca falta, por lo que a nivel de fauna resulta destacable su población de anfibios, como la endémica salamandrita rabilarga, que se complementa en armonía con los reptiles, como el enorme lagarto arnal. Sobrevolándolos a todos, una muy estimable población de aves a lo largo de la ruta que, a estas alturas irá saltando de regato en regato. Tendremos una deliciosa banda sonora al fondo interpretada por paporrubios, ferreiriños, carrizas, pimpines, verderones etc. Nuestro camino sigue el regato Tabernas solapado con el rego da Pedra (ambos afluentes del río Tripes) Aquí les recomendamos que confíen en su instinto de orientación. Las rutas están señalizadas de forma confusa, pero tampoco es mala idea dejarse llevar, descubrir rincones poco conocidos y en el fondo recordar que, a menos que lo intentemos deliberadamente, resulta imposible perderse en el Monte Aloia.

En el salgueiro nacen las aspirinas

El Salgueiro (Salix atrocinerea) es uno de los árboles más comunes de nuestros entornos forestales húmedos. Fue una de las primeras especies sobre las que se investigaron sus propiedades medicinales, pues tradicionalmente eran conocidos sus efectos para tratar

las fiebres y dolores de cabeza. Finalmente descubrimos las salicinas de su corteza, o lo que es lo mismo: en el salgueiro nacen las aspirinas.

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