Ademar Álvarez, el músico que lleva 70 años diciendo «Adiós Tomiño»

Monica Torres
Mónica Torres TOMIÑO

TOMIÑO

Emigró de joven a Argentina, donde sigue tocando y actuando a punto de cumplir 88

29 ago 2026 . Actualizado a las 03:08 h.

A Ademar Álvarez Álvarez le faltan unas semanas para cumplir 88 años, aunque cuesta verlos cuando habla. Las manos acompañan las palabras y, si quiere explicar una nota, la canta por su nombre. Ante sus sobrinos Federico y Blanca, y su amiga la historiadora Natalia Jorge Pereira, repasa fechas, instrumentos y recuerdos con precisión de partitura. La música sigue siendo presente: toca casi a diario, especialmente la gaita, y continúa actuando en Argentina.

Tras trece años sin pisar Galicia, ha regresado a Tomiño acompañado por Federico, también músico. Su hermana y su cuñado están enfermos y «uno no sabe cuántas veces más podrá venir, muchas, pocas o ninguna». Pero no habla como quien viene a despedirse. Encuentra Tomiño «más bonito» que nunca, disfruta de la familia y hasta del pulpo, «casi prohibitivo por su precio en Argentina».

Aquí comenzó todo. Ademar remonta la tradición musical de los Álvarez hacia 1830, cuando su bisabuelo ya tocaba en una charanga. De siete hermanos, él aprendió teoría y solfeo a los ocho años con Enrique; a los trece debutó como redoblante en Airiños da Nosa Terra y después sustituyó a otro hermano como bombardino en la banda de Tomiño. Hoy, la cadena continúa con sus hijos Jorge y Marcela, su nieta Daniela y su sobrino Federico. «Hemos llegado a ser seis Álvarez a la vez en la agrupación». Él toca siete instrumentos y todavía comparte escenario con Jorge y Federico.

Hacia los 17 años, sin haber estudiado aún armonía, empezó a componer casi por intuición. «Componer es inventar». Investigaba por su cuenta el registro de los instrumentos y sobre un papel tan malo que la tinta se desparramaba escribió su primera obra. Faltaban pocos días para que emigrase cuando un compañero le encontró el título: Adiós Tomiño. La banda la estrenó para despedirlo y, casi siete décadas después, Ademar todavía se emociona al recordarlo: «Fue lo más grande para mí en ese momento». El 13 de agosto de 1958 partió con su madre y su hermana; el 30 llegó a Argentina con 19 años. Tomiño quedaba atrás. Adiós Tomiño acababa de empezar.

En Buenos Aires trabajó dieciséis años en un comercio de ropa antes de poder vivir solo de la música. Su patrón lo veía salir corriendo del comercio con la tuba para ir a ensayar; en 1973 entró en la Banda Sinfónica Municipal de Vicente López y pudo empezar a vivir de la música. Allí se traspapeló la primera partitura de Adiós Tomiño, que había pedido a Galicia para rehacerla: un compañero la metió por error en un fardo de mercancía enviado a Pergamino, a unos 200 kilómetros. Mientras aparecía, Ademar la reconstruyó de oído; aún conserva aquel original. La segunda versión sonó el 18 de enero de 1964, el día de su boda. Después estudió armonía y composición y los 17 papeles iniciales crecieron hasta 42. «La melodía es casi igual». La tercera y definitiva versión se estrenó, según recuerda, el 19 de abril de 1982.

«Podría haber vivido sin música, pero no habría sido lo mismo», sostiene emocionado. Adiós Tomiño es «lo más grande» de su producción y ocupó «una gran parte de mi vida». Más de treinta bandas la han interpretado en España y también ha sonado en América. Ademar pasó por bandas, orquestas y coros, realizó más de setenta arreglos y fue casi tres décadas tuba solista de la Banda Sinfónica Municipal de Buenos Aires. También compuso otras piezas, entre ellas las cumbias Cumbia Ardiente y Nací Cumbiando, la balada Paz en el Mundo y la foliada Ti Viras. En 2019, la Legislatura Porteña, cámara de la ciudad de Buenos Aires, lo declaró Personalidad Destacada de la Cultura. Y a los 87 años sigue tocando y actuando.

El músico muestra una de las grabaciones de su pasodoble, convertido en compañero de viaje durante casi siete décadas.
El músico muestra una de las grabaciones de su pasodoble, convertido en compañero de viaje durante casi siete décadas. Mónica Torres

Galicia y Argentina son sus «dos patrias», y la música vuelve a unirlas en este viaje. Este domingo espera reencontrarse con la Agrupación Musical do Rosal, a la que dirigió con su famoso pasodoble en 1997. «Creo que no me conocen», bromea. Otras veces regresó a Galicia invitado por la Xunta y todavía le quedan sueños: escuchar interpretada la letra que acaba de escribir para su pasodoble y volver en familia para el Xacobeo. Sigue haciendo planes. El hombre que convirtió una despedida en la música de toda una vida aún no ha dicho su último adiós a Tomiño.